sábado, 30 de julio de 2011

La tristeza es redonda como un giro del mundo



LA tristeza es redonda como un giro del mundo
y envejece los cuerpos con su mirada viuda
y separa los nombres, las manos, los océanos.
La historia vive allí,
por aquella explanada de las flores del número,
aproximadamente encima de los muertos.

Algún día la lluvia desprenderá un olor tan azulado
como el ardor del fuego
y cambiarán los días de piel y habrá otra raza
al mando del silencio.
Yo sé que en esta brisa navegan los aromas
de nuestros entrañables amaneceres
en la isla del tiempo:
aquel perfume un poco a temblor de los fresnos,
un poco a infancia y a cuerpo apetecible y a pizarra.

Volverán otros trenes cargados de años nuevos,
de nieve reciente, de veranos,
de brumas adormecidas, de hierbas venenosas
y libélulas al borde de los años del agua.

Volverán otros pasajeros con el destino a cuestas
y sus hijos mamando y sus mujeres
con cántaros
y fuentes sobre su pelo negro.

Volverán otros emigrantes a levantar sus casas
encima del olvido,
ese país de fiebre donde todos los seres
hemos perdido a alguien.
Y otros segadores por entre el mediodía de la avena.
Y otras hilanderas buscando los umbrales
para tejer su hastío hacia la media tarde.
Y otros pescadores con sus conchas de voz
marítima y profunda.

Todo regresará, pero nunca lo mismo.
Por eso os decía que el mundo gira triste,
más triste a cada vuelta,
casi tan triste a veces como la misma lágrima.
Y la historia se empeña en gritar en voz alta
sus mentiras de adobe
y repetir sus rosas como estación de sangre. 



           (A Cuca, Aurelio, Pablo y José, que volverán)


Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise
MMXI

miércoles, 27 de julio de 2011

Tardes de veranu


Cuántes tardes de xunu nos casamos...


Nun yera más que dir hasta la presa,


xurar que nos queríamos; que nun s'acabaríen


nin los nuesos deseos nin aquel veranu.


Y un día, colos filos brillantes de munches telarañes


enrestré-y un aniellu. Ella esparcióse polen


pelos güeyos. Y yo zarré los míos.


Xunu. Mil novecientos setenta y tantos.


Tamos vivos los dos.


Pero nunca enxamás volvimos atopanos.



Voz: María García Esperón
Música: Yiruma
MMXI

lunes, 25 de julio de 2011

Soledades


Nace la soledad cuando, de espaldas al mundo, alcanzo lo que no distingo con la luz de la realidad, instalándome en situaciones sin síndrome de obediencia. Cuando sé que de todo lo que callo nada podría decirse de otra manera más que así, en solitario silencio de los signos, en apartada ausencia de objetos e imposiciones. Soledad que me aísla y me asoma a las asimetrías de lo incógnito, de donde surgen y considero los ambiguos proyectos del arte y las prefiguraciones de lo extraño, la extrañeza de lo común y la insignificancia de lo que nos espanta desde niños. Donde escucho vocablos desmedidos y resonancias catárquicas.

Necesito esa soledad que me permite querer a quienes así me aceptan y me respetan, con espacios donde me segrego del tú dominante, con propensión al egoísmo, e ingreso en mí mismo en busca de recursos que me rescatan de la sintaxis. Recorro aristas y desfiladeros de fiebre. Y entonces, soy y escribo y me agiganto: árbol toda la vida sobre la tierra pastor del páramo que rasga la escarcha con mastines de sombra no sueño apenas desde hace siglos para qué soñar mientras sobornan los jerarcas faro sobre la noche faro encendido para tan ingrato océano viento benévolo que no arrasas con todo desde que viento eres.

Esa soledad, como libertad pura, en la que se perciben riesgos de sobredosis, desprendimientos de los sentidos, pensamientos afines a la desaparición, pero también alivio, sosiego y tregua. Fuera del alcance de los atroces vasallajes, de las bridas tirantes de aquellos que entienden todo como una posesión, de las rozaduras de los yugos interesados o las llagas de la resignación y la obediencia. Solo, por voluntad y con el corazón insubordinado. Solo, sin dolor y con los espejismos de otras presencias posibles, de otras contingencias menos causales que la casualidad de un encuentro casual y una eterna costumbre.

No hablo de la soledad de los consorcios que carcome a oscuras dos cuerpos que se acompañan y se nutren y crecen de su carne, como un cáncer, ni de la que condena deseos, prohíbe comportamientos y asfixia con sus hilos invisibles más que la soga de los verdugos. Ni de la que imputa la insistente angustia de los contratos de permanencia, ni de la que se desprende de la simulada y altísima cifra de las sumisiones. Tampoco de la que inyecta falso afecto, por miedo, por comprensión, pero encubre venenosas mentiras y traiciones innecesarias.

De ésas huyo como el cachorro ingenuo que por instinto escapa de un sol insano. Ni digo tampoco de la que revienta encima de los seres como una explosión fatal y genera cuartos cerrados con aromas cordiales, aposentos apagados, recuerdos incurables para el resto de los años. A ésa renuncio mientras no sobrevenga.

Sino de la soledad fúlgida que me eleva y me transporta a la otra parte de lo factible, allí donde los límites de lo pactado se diluyen y me confieso y me equiparo al otro y percibo la razonable sinrazón del inculpado, las tretas poderosas de los acusadores, la sinceridad del mentiroso y las hábiles artimañas de los soberanos. De la que se posa en torno a mis dos ojos, que entonces acceden a lo que carece de candor y superficie, y desentrañan la sencillez de lo abstracto, la fragilidad de lo indestructible, la ligereza del sufrimiento y lo leve de la consistencia.

De la soledad que acaricio con los dedos, como un cabello adolescente que me excita. La que roza mis labios como con otros labios tiernos muy carnosos, como una droga exquisita que me prolonga y me aúna con lo infinito. De la soledad que no rechaza el amor pero exige tolerancia para que el amor se haga viable. De la contraria a la convivencia opresiva, la que nos une tan engañosamente y por la que acumulamos rencores y matamos. (La Nueva España, 18-02-09).

sábado, 23 de julio de 2011

Caminos no trazados


Una ocasión es posiblemente
de las presencias más cortas.
La prontitud que media entre el ala y el vuelo,
la sensación que se hunde entre el suelo
y el paso.
La distancia sonora entre idea y palabra.

Sólo son de presente la ocasión y el relámpago.
Y adverbios muy puntuales que ocurren
enseguida.

Nada pueden los hombres todavía
sobre sus calendarios. Una ocasión
no ocupa luz ni espacio en una fecha.
Nada saben los hombres de su acontecimiento ni de su impronta.

Sucede como con el azul del mar o la explosión exacta
de cualquier primavera.

Existe sólo allí, entre su actualidad y un nombre solo,
como cualquier mirada de unos ojos,
como cualquier estrella de la noche.
Como cualquier instante de la noche.



Una realidad aparte
(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Cuadernos FÍBULA de Poesía
Avilés 2005

Voz: María García Esperón
MMXI

martes, 19 de julio de 2011

Tras la inminencia de una huella llamada libertad



Tienes razón, Antonio, hay que ser muy hombre para soportar la belleza. Pero algo dices tú que no es humano. ¿Qué sientes en la boca si pronuncias? ¿Qué inyectas a tus ojos, cómo miran? ¿Con qué tocan tus manos?

Cuando nombras las cosas me inundan su volumen, su ácido y su jugo y su dulzura. Todo cambia desde los hospitales de tu ser hasta el espacio enorme de la tierra. Tu voz transforma el mundo. Pero no es una guerra ni tampoco un disparo. Es tu voz, tu voz intraducible como el idioma que no ha llegado a ser del todo todavía. Tu voz que no se pierde.

¿Cuánto sufres por una palabra hermosa? ¿De qué arbusto recoges tantos símbolos? ¿A qué sinagoga acuden las velas de tu espíritu? Si yo te preguntara por qué no somos nada, con qué vegetal responderías. Con qué veneno.

No has estado en la muerte y yo te creo. Dime quién eres antes de acercarte más a mi corazón. Porque tú comes la fugacidad. Porque tú das sueño con libros a los muertos. Porque tú habitas los enjambres. Tú telegrafías la luz. Tú redactas el tiempo y transcribes a mano las lunas llenas.

No has bajado a la muerte, pero te creo.

La vida tiene muerte.

Hay que ser muy hombre, Antonio.

Algo existe en tu nombre más inmenso que tú. Ése eres tú, Antonio, hombre. Hombre con Hombre de poeta.



Voz: María García Esperón
Música: Kitaro
MMXI

sábado, 16 de julio de 2011

Entre visillos



Mira detrás de la ventana. Ve el invierno. 

Calla. Baja la vista y mira sus manos.
Les da vuelta. Calla.
Pasa suaves los dedos por el vaho.
Queda mirando. Calla. Baja los ojos.
Vuelve a su piel. Despacio, va
tocándose el rostro. La soledad detrás, sobre
las ascuas.
¿Qué habrá que duela más que la belleza?
¿Qué llevar de la vida?
¿Qué pájaros son esos?
¿La noche, así de pronto? La luz se apaga.



Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

jueves, 14 de julio de 2011

Quiero inmortalizarte



Quiero inmortalizarte
sobre el manual del agua.
Atar tu voz a los pies de la lluvia.
Predecir la nostalgia que causarán tus ojos.
Quiero, sencillamente,
nombrarte en algún sitio
donde no acuda el tiempo.



Voz: María García Esperón
Música. Kitaro MMXI

martes, 12 de julio de 2011

Dos mil era una fecha


Dos mil era una fecha
soñolienta, lejana,
como cuando en los días
de verano,
majestuosas
se aprecian
al fondo
las montañas.

Los mayores decían
que jamás llegaría,
que acabaría el mundo,
que habría una guerra
grande,
que quedarían las máquinas.

Y yo me preguntaba
si en el dos mil habría estrellas
y jilgueros
y campos de naranjas.
¿Cuántos años tendría entonces
yo?
¿Cómo estaría mi madre?
¿Seguirían abriéndose
 los libros?
¿Sería verdad lo de no morir
nunca?
¿Sería posible lo de cambiar
España?

Hablo de aquellos años
soñolientos.
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Dónde lo habré vivido?

Había en un lugar
-contaban-
una mujer de blanco
en una curva.
Era hermosa. Sin cara.

Mitad del dos mil uno. La vida
                                  sí que pasa.






(C) Aurelio González Ovies
Nada
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
MMXI

martes, 31 de mayo de 2011

Con los cinco sentidos: Cinco



CINCO
Mis manos son dos formas de entender tu palabra. Y ocultan infinitos volúmenes y espacios. Mis manos, tú lo sabes, han posado en tu boca más de una vez la altura de jóvenes estrellas. Con mis manos alcanzo, presiento, aparto y busco. Mis manos son el tacto, la fuerza, la distancia. Son la separación y el único instrumento para decir adiós desde mí mismo.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Con los Cinco Sentidos
Cuadernos FÍBULA de poesía
Avilés, 1997
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

El espesor del aire al deshacerse


Como cuando Eneas, al llegar a Cartago, lloraba frente a un fresco..

A veces de una música descienden nombres hermosísimos, abrazos

que nos aman todavía, labios dorados, voces reconocibles, sabores impronunciables.

A veces una palabra huele a corazón como, cuando hace ya muchos años

entrábamos en casa, de la mano.

Son el amor y la memoria quienes hablan.


(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte.
Cuadernos Fíbula de poesía,
Avilés, 2005.
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

martes, 24 de mayo de 2011

El tiempo por venir


Esperar es ponerse la piel de las burbujas
y dejarse subir, como el humo, despacio.
Y alcanzar una altura que rima
dócilmente con las altas montañas y el frío del deseo.

Y creerse burbuja y mirarse en redondo.
Descubrirse en el antes, transparente, sin nada.
Tocarse cristalino en el después, sin nada.
Y abrazarse a uno mismo otra vez, actualmente, al volumen
burbuja de la propia esperanza.

Esperar es precioso, preciso, en cualquier parte.
Hermosamente humano. Y a cualquier hora
pueden chiflar, desde lo lejos,
los vagones que traen viajeros impensables,
baúles que un difunto ha dejado a tu nombre
con anillos de verso y cuartillas labradas.

Así es como se espera.
Sabiendo ser paisaje en vez de tiempo,
geógrafo de toda una palabra.
Y se hace necesario quedarse muchas noches mirando las estrellas.

Las estrellas alumbran porque esperan.

Todo en la realidad espera otra ocasión
y vive hacia el mañana.

La belleza por llegar es la certidumbre más firme
del poeta.

Para esperar conviene arder.
El proceso es el mismo. Materia con astillas
donde una chispa escribe sus plurales.
Ardor que nace; ardor que se estremece. Ceniza.

Es hermoso esperar. Humanamente grande.
Mientras esperas llueve y zarpan barcos.
Puede hacerse de noche y ser muy pronto.
Nacer un mapa nuevo, cerrarse un episodio,
perpetuar una risa, esparcirse la música, descubrirse
un color o reencarnarse un sueño.

Hay muchas circunstancias en una nueva espera.

El tiempo por venir es la extensión más vivida
del poeta.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte
Cuadernos FÍBULA de poesía
Aviles, 2005


Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

sábado, 21 de mayo de 2011

Voz en extravío



Yo nunca seré el mismo. Jamás seré completo.
Cuando una pérdida acontece
empalidecen la gramática, los pronombres
más cómplices, los verbos posesivos.

Con una ausencia así sobre los hombros
yo voy por la existencia como un amante a ciegas
que cuando ve una estrella,
o cuando escucha el mar
finge que no es verdad la música del agua
que alumbra en mi retina;
y que eres el poema jamás finalizado,
la túnica sin fin de mi escritura
que busca en su dolor el finiquito de mi voz.

Rosa del sueño, garante de mis noches,
hazme daga del alba
sobre la piel abierta de todos los idiomas;
mi quietud de artilugio
sin que nadie dé cuerda
a mi extravío.

Pero yo ya lo sé. Ya nunca seré el mismo.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte.
Cuadernos FÍBULA de Poesía
Avilés, 2005

Voz
María García Esperón
Música
L. Einaudi
MMXI

lunes, 16 de mayo de 2011

Un día más


La cocina prendida. El viento
en la ventana. La luz
a media fase.
Los calderos con agua. Madre fríe
patatas, con miedo a que tronara.
El armario, las puertas con los
cromos. La mesa. El bidón
de la leche, el bote con la nata.
La caldera que hierve, las zapatillas dentro
de la hornilla, por si padre llegaba.

La noche. El calendario. Un
tendal con la ropa encima
de la chapa. Las paredes
chorreando. Y el tiempo: aquel
olor a humo y a vida requemada.

(c) Aurelio González Ovies
Voz: Alejandra Moglia
Música: Les jours tristes, Yann Tiersen
2011

martes, 10 de mayo de 2011

Volverás en verano



Volverás en verano
y encalaremos juntos la fachada del tiempo.
Aquí todo envejece a ritmo campesino
y te echamos de menos cuando tus rosas
revientan como un tiro de sangre.
Todos los días del año son los más oportunos
para añorar al ser que nos ha abandonado.
Pero tú volverás;
yo sé que te apetece escuchar las rodadas
de la infancia entre la manzanilla;
yo sé que tienes ganas de entender
qué dicen las gaviotas cuando rompen el sol a picotazos;
pero tú volverás
porque han puesto autobús para llegar al nunca,
porque el pueblo se queda poco a poco,
porque quiero cambiarte unos cromos del llanto,
porque te necesito para labrar el frío.
Volverás a esa hora temprano
y los niños irán ya a la escuela en pantalones cortos
y te diré en secreto por qué cantan los gallos
y te llenaré un libro del olor de las cuadras.
Volverás porque, a veces, si nos falta algún rostro
el pasado es reciente a cada siempre.

Aurelio González Ovies en la inauguración del Festival Verso en Nubes


La Concejalía de Cultura organiza el I Festival de Poesía Infantil ‘Verso en Nubes’

LEON

La Concejala de Cultura,  Evelia Fernández y Asunción Carracedo

La iniciativa se celebrará del 13 al 15 de mayo en el antiguo Consistorio de San Marcelo. La concejala de Cultura, Evelia Fernández, y la escritora leonesa Asunción Carracedo han presentado el I Festival de Poesía Infantil Ciudad de León ‘Verso en nubes’, que se celebrará del 13 al 15 de mayo. Durante tres días el Ayuntamiento de San Marcelo se llenará de poemas y de la voz de los poetas, de talleres de ilustración, exposiciones, juegos, globos…, para seguir avanzando en la candidatura de León, Ciudad de la Literatura. 
El festival cuenta con el blog versoenubes.blogspot.com en el que se detallan todas las actividades y se asoman quienes más empeño han puesto en el proyecto: el Ayuntamiento de León, y Asunción Carracedo junto a la escritora mexicana María García Esperón, Premio Hispanoamericano de Poesía Infantil, las dos son miembros del grupo literario Voces y Miradas, con el que tratan de acercar la cultura entre los dos lados del océano Atlántico. 
‘Verso en nubes’ comienza el viernes día 13 de mayo con la voz de los poetas Antonio García Teijeiro y Aurelio González Ovies. Durante los tres días se hará un recorrido por el primer despertar poético a través de las nanas, no faltará un guiño a Miguel Hernández en pliego y cordel para un recitado a la usanza de los antiguos ‘romances de ciego’, estará muy presente la poesía infantil a través de la lectura y escritura digital, e incluso habrá un paseo poético en bicicleta.

viernes, 22 de abril de 2011

Por los libros de los libros


Para que siempre queden páginas inéditas, espacios en la naturaleza, distritos en el paisaje donde enclavar un verso o anillar una sílaba. Para que nunca falten secretos que bruñir en los lomos del agua ni grana que esparcir en los extensos ámbitos de las ficciones. Y sigan propagándose el olor a guitarra y las llamas romances en las noches de Lorca. Y crucen por los puentes del viento los oscuros relinchos delatores de Perse. Por las cítaras rústicas y los cantos labriegos. Por Virgilio y sus armas y fragantes hexámetros, como tierra rojiza donde crece la salvia.

Por la longevidad de aquellos que decoran la piel de las serpientes y trazan geometrías en la fosforescencia de orugas y de pétalos. Por la lavanda, agradecida todavía al sol y a las tardes de estío. Por los ecos del mundo y de todos sus pájaros cuando el silencio reina en las mañanas vírgenes de los meses de marzo. Por las sombrías pérgolas bajo la Antigüedad, en las que aún se escuchan las puntadas broncíneas de Penélope. Por el amor que arriba, trazado a mano, en naves y gabarras, para todos los que odian, de costa a costa. Por Gloria y Gamoneda.

Para que se confundan los sueños más sublimes con la realidad brutal de algunos días y no se sientan más los lamentos frecuentes ni las súplicas roncas del atropello. Para que manen fuentes allí donde las grietas parecen ya un reflejo del alto cielo y germine la mies con la facilidad de las telúricas exactitudes de Claudio. Y trepen tu sonrisa y mi enajenamiento por las alineadas alamedas que suben a Machado. Por los que han partido sin decir la caricia más atesorada para el último instante.

Por el corazón de Mestre y sus antífonas de salud en rama. Por las esquilas que aún rompen la calma de Orihuela y los secos graznidos de dos cuervos posados en este alejandrino. Por Pizarnik y Safo y las islas en las que desterramos el incapacidad y el intimismo. Por nosotros, inocentes criaturas expuestas al dolor más profundo y a la mínima herida del aire o de la mano de nuestros semejantes. Por el orbe infinito. Por su misericordia. Por Javier Sicilia, para que nunca callen su rabia ni su ímpetu, para que no enmudezcan de pena sus metáforas, pero siempre con gesto de códice o poema. Por los libros de los libros. Siempre.
(La Nueva España, 21 abril 2011)

martes, 19 de abril de 2011

Sólo tú sabes


Sólo tú sabes
lo que no escribo
cuando me encuentro solo
y te miro
y tu pelo se desborda como una cifra
de nieve.
Nadie descubrirá ese poema
entre los libros
que hablan nada más que de ti
en un idioma en blanco.


sábado, 16 de abril de 2011

La luz no entenderá


La luz no entenderá jamás
tu forma de tocarme
ni podrá descifrar quién dicta,
desde detrás de tus dedos,
esa lentitud de caricia
con que consigues separarme del cuerpo.


miércoles, 13 de abril de 2011

Apuntes


Todo lo que escribo nace y crece de mis inseguridades y desemboca en los dominios de otras incertidumbres. Todo lo que escribo limita, al norte, con mis deseos; al sur, con mis pesares; al este con lo que nunca seré; al oeste con los que están y estuvieron, mas no estarán conmigo. Lo cierto es que no tengo claro si vivimos nada más que para recordar o si, obstinados, recordamos porque no vivimos del todo, porque existimos a medias. No soy capaz de descifrar cuánta extensión de mí quedaría flotando en el presente si me arrancaran la memoria, qué proporción le debo a la esperanza, qué gracias a lo sufrido, cómo reconocerme si no echara de menos, a quién añoraría sin antes haber amado.
Escribo para enfrentarme al rápido mundo que no acepto ni me admite, al mundo que da vueltas y como el hombre tropieza y se destroza, una y mil veces, sobre la misma tierra; para abrirme en palabra, desgajarme, y encerrarme, en soledad, en algún libro, sobre una cómplice página. Para volver a lo imposible y aspirar su perfume y sentarme un momento frente a la misma mar de todos los veranos y llamarme a lo lejos y acercarme a mí mismo y sonreír de nuevo al tocar en mi carne la pureza. Para subir al humo y asumir la ceniza.
Porque nada se olvida para siempre, nada nos muere definitivamente salvo el cuerpo y la belleza, la juventud y su brillo. Porque necesitamos otra realidad, con más fondo y menos superficie, con más apego y menos odio, con menos de más. Porque hay días en que miro con más exactitud, quizás con más tristeza, las cosas, los objetos, y descubro en sus formas desconocidos túneles como de transparencia. Porque quisiera ser y formar parte del verde de los árboles, del fulgor de una estrella, del vacío del eco, de la humedad del agua. Ser y estar en la humildad de una baya, de un pétalo, de un junco entre los juncos, a la orilla de un río.
Escribo, como quien colecciona insectos muy brillantes, para poder guardar bajo alfileres instantes muy precisos, emociones intensas, aromas, fechas, gestos y solsticios. Para sobrevolar, de cuando en cuando, por queridos paisajes donde, a no ser desde el verso y su estatura, sólo crecen heridas, sólo gruñe el silencio, sólo atajos cubiertos de ramaje y espinos. Para esclarecer de dónde vengo, qué ceguera me obliga a dar la espalda a quien me espera, qué luz me aprisiona y me inmoviliza donde jamás, por mí, me hubiera detenido.
Porque, paradójicamente, me atraen los secretos de la sinceridad, me imanta la hondura de lo aparente, el más allá de lo imprevisible. Porque sé que son muchos los que piensan que un poema no vale para nada, pero un universo sin poemas, sin sentimientos que no sirven para nada, ya no sería un universo porque todo sería útil para algo, más lucrativo y nosotros aún más cicateros y mezquinos. Porque me siento a salvo cuando anudo mensajes y ahogo mis desesperos, mis deudas y mis gritos.
Escribo para asegurarme un hilo al que agarrarme en estaciones débiles y colgarme la fe como un escapulario. Para erguir una torre con los nombres que son imprescindibles, por más que en ella sólo aniden las cigüeñas. Para saborear, de tarde en tarde, los inmediatos números de antiguos almanaques, la dulzura de meses caducados, los labios que he rozado, los frutos que he vivido. Para convocar circunstancias eternamente pendientes, nubes perpetuas. Para acceder al Dios que yo sospecho, esdrújulo y sonoro. Para internarme en lo infeliz y resurgir con gozo, más entusiasta y semivivo.
Escribo porque preciso soñar por los sueños de los sueños; porque me obligo a ascender a todas las latitudes; porque me exijo seguir por diferentes caminos. Porque me reconvierto, me venzo, me sumerjo en lo opuesto, me aparto de mis pasos, examino las huellas y concluyo: cuando ya no soy nadie, soy lo que escribo. Cuando apenas existo, existo porque escribo. Cuando advierto cadenas, voy libre porque escribo. Cuando presiento muerte, escribo y sigo vivo. Acaso por consuelo, pudiera, quién lo sabe, ser puro egocentrismo.

(C) Aurelio González Ovies
Voces: Alejandra Moglia y María García Esperón
Música: Ludovico Einaudi
MMXI

jueves, 7 de abril de 2011

Que no se extinga el poema

* Fragmento de una conferencia de Aurelio González Ovies
Federación de Asociaciones de Profesores de Español

Aurelio González Ovies. Foto: Catamaram
Todo retorna a nuestros labios, porque todo, al cabo, cabe en nuestros versos y así, más pronto o más tarde “todo regresará, pero nunca lo mismo”. Que no se extinga el poema. Que no mueran los libros. Necesitamos leer, escribir. Necesitamos libros que nos acerquen a la libertad, que nos desgajen la realidad en múltiples realidades irreales.
Necesitamos libros: libros para enamorar hasta lo eterno las manos que los abren; libros donde lo peor nunca esté por llegar; libros para que el mundo no siga en esta línea, para que la enredadera de la voz trepe sin tregua por la espalda de una página; para que no se apaguen del todo los sueños ni la delación; para que no se extingan por completo el eco ni la noche; para que permanezcan los débiles tendidos de la comunicación.
Libros en heredad, donde la tierra preserve un párrafo que dé a la mar, desde donde esparcir sus cenizas y nuestros restos. Libros donde el error y la sinrazón irradien en los embalses de la memoria como una cima majestuosa.
Libros para que los jóvenes y el mañana imaginen el oro en la luz de una mirada; y sepan dónde encontrarse con el acierto, cuándo coincidir en la impuntualidad; cómo decir lo que jamás se habla, cómo expresar lo que se callaría definitivamente.
Libros donde un tirano se arrepiente sobre el borrado boceto de una rosa y llora por los siglos de los siglos. Libros para reverdecer, para no impedir que los caballos de la libertad relinchen y galopen entre la grama y la pradería de un verso; ni que el pájaro carpintero taladre por abril los troncos infinitos del lenguaje. Para que las orugas absorban fosforescencia en sílabas medicinales; y los gatos maúllen sobre las chimeneas de oraciones en luna llena. Libros en los que los grillos puedan resguardar sus recónditas cuevas; y la naturaleza incubar sus ciclos transitivos.
Libros plagados de verano y frescura de higueras; desde donde vuelen los gansos y emigren los hipérbaton; libros ilegítimos, de mayúsculas insolentes y transgresoras; terminantes libros escarpados, creados para precipitarse al vacío desde su intensidad.
Libros escritos desde la lluvia, encuadernados con río, traducidos en azul y al viento, rubricados por la extrañeza y sus impactos.
Libros para los arroyos de la ternura. Para dragar los estanques de la historia y derribar sus ancestrales estatuas de cántaros y caños de sangre.
Libros abrevadero en los que la armonía gotee y en sus ondas se vean reflejadas las bestias como un remordimiento y se espanten y huyan a decapitarse en un índice.
Libros donde el sol mantenga su propio horario y el laurel arome las metáforas. Donde el idioma prenda y ocasione vocablos asombrosos, esbeltos como cipreses.
Libros de amor en rama, con el éxtasis de un instante y su presencia eterna; libros silvestres, afrutados, con miel adjetival y amargas bayas de suicidio. Libros para que jamás se haga jamás; que nos devuelvan lo que ignoramos.
Para arder en deseos y anhelar entrar en quienes sienten como nosotros, quienes parecen un espejo de nosotros. Donde volvamos a nacer al pronunciar un enunciado inexistente. Libros con patios a la literatura y a sus pérgolas de sintaxis envejecida.
Libros hermosos, con desinencias y trayectos hacia reinos deliciosos; donde nos espere lo que no sucede a tiempo o lo que termina de forma irremediable. Libros tránsito para enseñar a morir de otras muertes y aprender vidas inconcebibles. Libros con la misma y única maquinaria del corazón, perfecta y quebradiza. Libros como agua, indispensables para la sed humana. Cálidos, como el vaho de los animales en las cuadras; inolvidables como la primera vez de cualquier vez primera. Libros para una segunda oportunidad y para una despedida que no tuvo lugar. Libros con bifurcaciones e indicadores lo inverosímil. Por donde podamos desfilar hasta abrazar los brazos abiertos de los antepasados. Libros inamovibles y horizontales como la compostura de los difuntos. Invadidos de ahogo como una boca colmada de terreno. Sinónimos de la locura y sus extravagancias clarividentes.
Dementes libros bondadosos, al fondo del fondo, donde arde la tenue vela de la verdad.

Libros como desiertos que nos cieguen con borrascas de arena. Libros con arresto y brújulas para saber a qué distancia aproximarnos en los turnos de desamparo; con provincias y parajes y el solo soplo de la brisa y la flor que deshoja de los manzanos. Libros intransigentes, con la virtud de los vicios, contrarios a toda sustancia; poemas adictos a espirales de encabalgamientos indómitos; poemas encabalgados desde aquí abajo, donde se acaba el universo, hasta el allá, en ciernes, donde comienza la cordura.
Libros.
Con el desenlace de lo que nunca sería del todo.