jueves, 14 de julio de 2011

Quiero inmortalizarte



Quiero inmortalizarte
sobre el manual del agua.
Atar tu voz a los pies de la lluvia.
Predecir la nostalgia que causarán tus ojos.
Quiero, sencillamente,
nombrarte en algún sitio
donde no acuda el tiempo.



Voz: María García Esperón
Música. Kitaro MMXI

martes, 12 de julio de 2011

Dos mil era una fecha


Dos mil era una fecha
soñolienta, lejana,
como cuando en los días
de verano,
majestuosas
se aprecian
al fondo
las montañas.

Los mayores decían
que jamás llegaría,
que acabaría el mundo,
que habría una guerra
grande,
que quedarían las máquinas.

Y yo me preguntaba
si en el dos mil habría estrellas
y jilgueros
y campos de naranjas.
¿Cuántos años tendría entonces
yo?
¿Cómo estaría mi madre?
¿Seguirían abriéndose
 los libros?
¿Sería verdad lo de no morir
nunca?
¿Sería posible lo de cambiar
España?

Hablo de aquellos años
soñolientos.
¿Cuánto tiempo pasó?
¿Dónde lo habré vivido?

Había en un lugar
-contaban-
una mujer de blanco
en una curva.
Era hermosa. Sin cara.

Mitad del dos mil uno. La vida
                                  sí que pasa.






(C) Aurelio González Ovies
Nada
Voz: María García Esperón
Música: Chris Spheeris
MMXI

martes, 31 de mayo de 2011

Con los cinco sentidos: Cinco



CINCO
Mis manos son dos formas de entender tu palabra. Y ocultan infinitos volúmenes y espacios. Mis manos, tú lo sabes, han posado en tu boca más de una vez la altura de jóvenes estrellas. Con mis manos alcanzo, presiento, aparto y busco. Mis manos son el tacto, la fuerza, la distancia. Son la separación y el único instrumento para decir adiós desde mí mismo.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Con los Cinco Sentidos
Cuadernos FÍBULA de poesía
Avilés, 1997
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

El espesor del aire al deshacerse


Como cuando Eneas, al llegar a Cartago, lloraba frente a un fresco..

A veces de una música descienden nombres hermosísimos, abrazos

que nos aman todavía, labios dorados, voces reconocibles, sabores impronunciables.

A veces una palabra huele a corazón como, cuando hace ya muchos años

entrábamos en casa, de la mano.

Son el amor y la memoria quienes hablan.


(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte.
Cuadernos Fíbula de poesía,
Avilés, 2005.
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

martes, 24 de mayo de 2011

El tiempo por venir


Esperar es ponerse la piel de las burbujas
y dejarse subir, como el humo, despacio.
Y alcanzar una altura que rima
dócilmente con las altas montañas y el frío del deseo.

Y creerse burbuja y mirarse en redondo.
Descubrirse en el antes, transparente, sin nada.
Tocarse cristalino en el después, sin nada.
Y abrazarse a uno mismo otra vez, actualmente, al volumen
burbuja de la propia esperanza.

Esperar es precioso, preciso, en cualquier parte.
Hermosamente humano. Y a cualquier hora
pueden chiflar, desde lo lejos,
los vagones que traen viajeros impensables,
baúles que un difunto ha dejado a tu nombre
con anillos de verso y cuartillas labradas.

Así es como se espera.
Sabiendo ser paisaje en vez de tiempo,
geógrafo de toda una palabra.
Y se hace necesario quedarse muchas noches mirando las estrellas.

Las estrellas alumbran porque esperan.

Todo en la realidad espera otra ocasión
y vive hacia el mañana.

La belleza por llegar es la certidumbre más firme
del poeta.

Para esperar conviene arder.
El proceso es el mismo. Materia con astillas
donde una chispa escribe sus plurales.
Ardor que nace; ardor que se estremece. Ceniza.

Es hermoso esperar. Humanamente grande.
Mientras esperas llueve y zarpan barcos.
Puede hacerse de noche y ser muy pronto.
Nacer un mapa nuevo, cerrarse un episodio,
perpetuar una risa, esparcirse la música, descubrirse
un color o reencarnarse un sueño.

Hay muchas circunstancias en una nueva espera.

El tiempo por venir es la extensión más vivida
del poeta.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte
Cuadernos FÍBULA de poesía
Aviles, 2005


Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

sábado, 21 de mayo de 2011

Voz en extravío



Yo nunca seré el mismo. Jamás seré completo.
Cuando una pérdida acontece
empalidecen la gramática, los pronombres
más cómplices, los verbos posesivos.

Con una ausencia así sobre los hombros
yo voy por la existencia como un amante a ciegas
que cuando ve una estrella,
o cuando escucha el mar
finge que no es verdad la música del agua
que alumbra en mi retina;
y que eres el poema jamás finalizado,
la túnica sin fin de mi escritura
que busca en su dolor el finiquito de mi voz.

Rosa del sueño, garante de mis noches,
hazme daga del alba
sobre la piel abierta de todos los idiomas;
mi quietud de artilugio
sin que nadie dé cuerda
a mi extravío.

Pero yo ya lo sé. Ya nunca seré el mismo.

(C) Aurelio González Ovies
Marian Suárez
Una realidad aparte.
Cuadernos FÍBULA de Poesía
Avilés, 2005

Voz
María García Esperón
Música
L. Einaudi
MMXI

lunes, 16 de mayo de 2011

Un día más


La cocina prendida. El viento
en la ventana. La luz
a media fase.
Los calderos con agua. Madre fríe
patatas, con miedo a que tronara.
El armario, las puertas con los
cromos. La mesa. El bidón
de la leche, el bote con la nata.
La caldera que hierve, las zapatillas dentro
de la hornilla, por si padre llegaba.

La noche. El calendario. Un
tendal con la ropa encima
de la chapa. Las paredes
chorreando. Y el tiempo: aquel
olor a humo y a vida requemada.

(c) Aurelio González Ovies
Voz: Alejandra Moglia
Música: Les jours tristes, Yann Tiersen
2011

martes, 10 de mayo de 2011

Volverás en verano



Volverás en verano
y encalaremos juntos la fachada del tiempo.
Aquí todo envejece a ritmo campesino
y te echamos de menos cuando tus rosas
revientan como un tiro de sangre.
Todos los días del año son los más oportunos
para añorar al ser que nos ha abandonado.
Pero tú volverás;
yo sé que te apetece escuchar las rodadas
de la infancia entre la manzanilla;
yo sé que tienes ganas de entender
qué dicen las gaviotas cuando rompen el sol a picotazos;
pero tú volverás
porque han puesto autobús para llegar al nunca,
porque el pueblo se queda poco a poco,
porque quiero cambiarte unos cromos del llanto,
porque te necesito para labrar el frío.
Volverás a esa hora temprano
y los niños irán ya a la escuela en pantalones cortos
y te diré en secreto por qué cantan los gallos
y te llenaré un libro del olor de las cuadras.
Volverás porque, a veces, si nos falta algún rostro
el pasado es reciente a cada siempre.

Aurelio González Ovies en la inauguración del Festival Verso en Nubes


La Concejalía de Cultura organiza el I Festival de Poesía Infantil ‘Verso en Nubes’

LEON

La Concejala de Cultura,  Evelia Fernández y Asunción Carracedo

La iniciativa se celebrará del 13 al 15 de mayo en el antiguo Consistorio de San Marcelo. La concejala de Cultura, Evelia Fernández, y la escritora leonesa Asunción Carracedo han presentado el I Festival de Poesía Infantil Ciudad de León ‘Verso en nubes’, que se celebrará del 13 al 15 de mayo. Durante tres días el Ayuntamiento de San Marcelo se llenará de poemas y de la voz de los poetas, de talleres de ilustración, exposiciones, juegos, globos…, para seguir avanzando en la candidatura de León, Ciudad de la Literatura. 
El festival cuenta con el blog versoenubes.blogspot.com en el que se detallan todas las actividades y se asoman quienes más empeño han puesto en el proyecto: el Ayuntamiento de León, y Asunción Carracedo junto a la escritora mexicana María García Esperón, Premio Hispanoamericano de Poesía Infantil, las dos son miembros del grupo literario Voces y Miradas, con el que tratan de acercar la cultura entre los dos lados del océano Atlántico. 
‘Verso en nubes’ comienza el viernes día 13 de mayo con la voz de los poetas Antonio García Teijeiro y Aurelio González Ovies. Durante los tres días se hará un recorrido por el primer despertar poético a través de las nanas, no faltará un guiño a Miguel Hernández en pliego y cordel para un recitado a la usanza de los antiguos ‘romances de ciego’, estará muy presente la poesía infantil a través de la lectura y escritura digital, e incluso habrá un paseo poético en bicicleta.

viernes, 22 de abril de 2011

Por los libros de los libros


Para que siempre queden páginas inéditas, espacios en la naturaleza, distritos en el paisaje donde enclavar un verso o anillar una sílaba. Para que nunca falten secretos que bruñir en los lomos del agua ni grana que esparcir en los extensos ámbitos de las ficciones. Y sigan propagándose el olor a guitarra y las llamas romances en las noches de Lorca. Y crucen por los puentes del viento los oscuros relinchos delatores de Perse. Por las cítaras rústicas y los cantos labriegos. Por Virgilio y sus armas y fragantes hexámetros, como tierra rojiza donde crece la salvia.

Por la longevidad de aquellos que decoran la piel de las serpientes y trazan geometrías en la fosforescencia de orugas y de pétalos. Por la lavanda, agradecida todavía al sol y a las tardes de estío. Por los ecos del mundo y de todos sus pájaros cuando el silencio reina en las mañanas vírgenes de los meses de marzo. Por las sombrías pérgolas bajo la Antigüedad, en las que aún se escuchan las puntadas broncíneas de Penélope. Por el amor que arriba, trazado a mano, en naves y gabarras, para todos los que odian, de costa a costa. Por Gloria y Gamoneda.

Para que se confundan los sueños más sublimes con la realidad brutal de algunos días y no se sientan más los lamentos frecuentes ni las súplicas roncas del atropello. Para que manen fuentes allí donde las grietas parecen ya un reflejo del alto cielo y germine la mies con la facilidad de las telúricas exactitudes de Claudio. Y trepen tu sonrisa y mi enajenamiento por las alineadas alamedas que suben a Machado. Por los que han partido sin decir la caricia más atesorada para el último instante.

Por el corazón de Mestre y sus antífonas de salud en rama. Por las esquilas que aún rompen la calma de Orihuela y los secos graznidos de dos cuervos posados en este alejandrino. Por Pizarnik y Safo y las islas en las que desterramos el incapacidad y el intimismo. Por nosotros, inocentes criaturas expuestas al dolor más profundo y a la mínima herida del aire o de la mano de nuestros semejantes. Por el orbe infinito. Por su misericordia. Por Javier Sicilia, para que nunca callen su rabia ni su ímpetu, para que no enmudezcan de pena sus metáforas, pero siempre con gesto de códice o poema. Por los libros de los libros. Siempre.
(La Nueva España, 21 abril 2011)

martes, 19 de abril de 2011

Sólo tú sabes


Sólo tú sabes
lo que no escribo
cuando me encuentro solo
y te miro
y tu pelo se desborda como una cifra
de nieve.
Nadie descubrirá ese poema
entre los libros
que hablan nada más que de ti
en un idioma en blanco.


sábado, 16 de abril de 2011

La luz no entenderá


La luz no entenderá jamás
tu forma de tocarme
ni podrá descifrar quién dicta,
desde detrás de tus dedos,
esa lentitud de caricia
con que consigues separarme del cuerpo.


miércoles, 13 de abril de 2011

Apuntes


Todo lo que escribo nace y crece de mis inseguridades y desemboca en los dominios de otras incertidumbres. Todo lo que escribo limita, al norte, con mis deseos; al sur, con mis pesares; al este con lo que nunca seré; al oeste con los que están y estuvieron, mas no estarán conmigo. Lo cierto es que no tengo claro si vivimos nada más que para recordar o si, obstinados, recordamos porque no vivimos del todo, porque existimos a medias. No soy capaz de descifrar cuánta extensión de mí quedaría flotando en el presente si me arrancaran la memoria, qué proporción le debo a la esperanza, qué gracias a lo sufrido, cómo reconocerme si no echara de menos, a quién añoraría sin antes haber amado.
Escribo para enfrentarme al rápido mundo que no acepto ni me admite, al mundo que da vueltas y como el hombre tropieza y se destroza, una y mil veces, sobre la misma tierra; para abrirme en palabra, desgajarme, y encerrarme, en soledad, en algún libro, sobre una cómplice página. Para volver a lo imposible y aspirar su perfume y sentarme un momento frente a la misma mar de todos los veranos y llamarme a lo lejos y acercarme a mí mismo y sonreír de nuevo al tocar en mi carne la pureza. Para subir al humo y asumir la ceniza.
Porque nada se olvida para siempre, nada nos muere definitivamente salvo el cuerpo y la belleza, la juventud y su brillo. Porque necesitamos otra realidad, con más fondo y menos superficie, con más apego y menos odio, con menos de más. Porque hay días en que miro con más exactitud, quizás con más tristeza, las cosas, los objetos, y descubro en sus formas desconocidos túneles como de transparencia. Porque quisiera ser y formar parte del verde de los árboles, del fulgor de una estrella, del vacío del eco, de la humedad del agua. Ser y estar en la humildad de una baya, de un pétalo, de un junco entre los juncos, a la orilla de un río.
Escribo, como quien colecciona insectos muy brillantes, para poder guardar bajo alfileres instantes muy precisos, emociones intensas, aromas, fechas, gestos y solsticios. Para sobrevolar, de cuando en cuando, por queridos paisajes donde, a no ser desde el verso y su estatura, sólo crecen heridas, sólo gruñe el silencio, sólo atajos cubiertos de ramaje y espinos. Para esclarecer de dónde vengo, qué ceguera me obliga a dar la espalda a quien me espera, qué luz me aprisiona y me inmoviliza donde jamás, por mí, me hubiera detenido.
Porque, paradójicamente, me atraen los secretos de la sinceridad, me imanta la hondura de lo aparente, el más allá de lo imprevisible. Porque sé que son muchos los que piensan que un poema no vale para nada, pero un universo sin poemas, sin sentimientos que no sirven para nada, ya no sería un universo porque todo sería útil para algo, más lucrativo y nosotros aún más cicateros y mezquinos. Porque me siento a salvo cuando anudo mensajes y ahogo mis desesperos, mis deudas y mis gritos.
Escribo para asegurarme un hilo al que agarrarme en estaciones débiles y colgarme la fe como un escapulario. Para erguir una torre con los nombres que son imprescindibles, por más que en ella sólo aniden las cigüeñas. Para saborear, de tarde en tarde, los inmediatos números de antiguos almanaques, la dulzura de meses caducados, los labios que he rozado, los frutos que he vivido. Para convocar circunstancias eternamente pendientes, nubes perpetuas. Para acceder al Dios que yo sospecho, esdrújulo y sonoro. Para internarme en lo infeliz y resurgir con gozo, más entusiasta y semivivo.
Escribo porque preciso soñar por los sueños de los sueños; porque me obligo a ascender a todas las latitudes; porque me exijo seguir por diferentes caminos. Porque me reconvierto, me venzo, me sumerjo en lo opuesto, me aparto de mis pasos, examino las huellas y concluyo: cuando ya no soy nadie, soy lo que escribo. Cuando apenas existo, existo porque escribo. Cuando advierto cadenas, voy libre porque escribo. Cuando presiento muerte, escribo y sigo vivo. Acaso por consuelo, pudiera, quién lo sabe, ser puro egocentrismo.

(C) Aurelio González Ovies
Voces: Alejandra Moglia y María García Esperón
Música: Ludovico Einaudi
MMXI

jueves, 7 de abril de 2011

Que no se extinga el poema

* Fragmento de una conferencia de Aurelio González Ovies
Federación de Asociaciones de Profesores de Español

Aurelio González Ovies. Foto: Catamaram
Todo retorna a nuestros labios, porque todo, al cabo, cabe en nuestros versos y así, más pronto o más tarde “todo regresará, pero nunca lo mismo”. Que no se extinga el poema. Que no mueran los libros. Necesitamos leer, escribir. Necesitamos libros que nos acerquen a la libertad, que nos desgajen la realidad en múltiples realidades irreales.
Necesitamos libros: libros para enamorar hasta lo eterno las manos que los abren; libros donde lo peor nunca esté por llegar; libros para que el mundo no siga en esta línea, para que la enredadera de la voz trepe sin tregua por la espalda de una página; para que no se apaguen del todo los sueños ni la delación; para que no se extingan por completo el eco ni la noche; para que permanezcan los débiles tendidos de la comunicación.
Libros en heredad, donde la tierra preserve un párrafo que dé a la mar, desde donde esparcir sus cenizas y nuestros restos. Libros donde el error y la sinrazón irradien en los embalses de la memoria como una cima majestuosa.
Libros para que los jóvenes y el mañana imaginen el oro en la luz de una mirada; y sepan dónde encontrarse con el acierto, cuándo coincidir en la impuntualidad; cómo decir lo que jamás se habla, cómo expresar lo que se callaría definitivamente.
Libros donde un tirano se arrepiente sobre el borrado boceto de una rosa y llora por los siglos de los siglos. Libros para reverdecer, para no impedir que los caballos de la libertad relinchen y galopen entre la grama y la pradería de un verso; ni que el pájaro carpintero taladre por abril los troncos infinitos del lenguaje. Para que las orugas absorban fosforescencia en sílabas medicinales; y los gatos maúllen sobre las chimeneas de oraciones en luna llena. Libros en los que los grillos puedan resguardar sus recónditas cuevas; y la naturaleza incubar sus ciclos transitivos.
Libros plagados de verano y frescura de higueras; desde donde vuelen los gansos y emigren los hipérbaton; libros ilegítimos, de mayúsculas insolentes y transgresoras; terminantes libros escarpados, creados para precipitarse al vacío desde su intensidad.
Libros escritos desde la lluvia, encuadernados con río, traducidos en azul y al viento, rubricados por la extrañeza y sus impactos.
Libros para los arroyos de la ternura. Para dragar los estanques de la historia y derribar sus ancestrales estatuas de cántaros y caños de sangre.
Libros abrevadero en los que la armonía gotee y en sus ondas se vean reflejadas las bestias como un remordimiento y se espanten y huyan a decapitarse en un índice.
Libros donde el sol mantenga su propio horario y el laurel arome las metáforas. Donde el idioma prenda y ocasione vocablos asombrosos, esbeltos como cipreses.
Libros de amor en rama, con el éxtasis de un instante y su presencia eterna; libros silvestres, afrutados, con miel adjetival y amargas bayas de suicidio. Libros para que jamás se haga jamás; que nos devuelvan lo que ignoramos.
Para arder en deseos y anhelar entrar en quienes sienten como nosotros, quienes parecen un espejo de nosotros. Donde volvamos a nacer al pronunciar un enunciado inexistente. Libros con patios a la literatura y a sus pérgolas de sintaxis envejecida.
Libros hermosos, con desinencias y trayectos hacia reinos deliciosos; donde nos espere lo que no sucede a tiempo o lo que termina de forma irremediable. Libros tránsito para enseñar a morir de otras muertes y aprender vidas inconcebibles. Libros con la misma y única maquinaria del corazón, perfecta y quebradiza. Libros como agua, indispensables para la sed humana. Cálidos, como el vaho de los animales en las cuadras; inolvidables como la primera vez de cualquier vez primera. Libros para una segunda oportunidad y para una despedida que no tuvo lugar. Libros con bifurcaciones e indicadores lo inverosímil. Por donde podamos desfilar hasta abrazar los brazos abiertos de los antepasados. Libros inamovibles y horizontales como la compostura de los difuntos. Invadidos de ahogo como una boca colmada de terreno. Sinónimos de la locura y sus extravagancias clarividentes.
Dementes libros bondadosos, al fondo del fondo, donde arde la tenue vela de la verdad.

Libros como desiertos que nos cieguen con borrascas de arena. Libros con arresto y brújulas para saber a qué distancia aproximarnos en los turnos de desamparo; con provincias y parajes y el solo soplo de la brisa y la flor que deshoja de los manzanos. Libros intransigentes, con la virtud de los vicios, contrarios a toda sustancia; poemas adictos a espirales de encabalgamientos indómitos; poemas encabalgados desde aquí abajo, donde se acaba el universo, hasta el allá, en ciernes, donde comienza la cordura.
Libros.
Con el desenlace de lo que nunca sería del todo.




lunes, 28 de marzo de 2011

Cuando la historia da fe de la grandeza, musicado por Rafa Lorenzo


Cuando la historia da fe de la grandeza
y la grandeza es lema de sí misma;
cuando la tierra es de tan noble raza
que se agruma con gesto de pepitas,
no hacen falta papel ni testimonio
que verifiquen lo que ve la vista.

Cuando el propio relieve se empeña
en defender los lindes de una villa,
y fueron tantos los pueblos y los reyes
que encastraron aquí su biografía,
con batear un poco tu pasado
destella tu prestancia todavía:

Ahí están tus mansiones señoriales,
los gloriosos escudos, las familias
que llevaron el nombre de Tineo
a lo largo y a lo ancho de la vida.
Ahí están tus parroquias artesanas
de tu estirpe vaqueira y campesina.

Y ahí tu empeño en seguir siendo Asturias
y en mantener tus casas encendidas;
y en conservar tu esencia y afamarla
aunque sea con 'tseite' y con nabizas.
Y en reafirmar las bases de tu dolmen:
la agricultura y la ganadería.

Por eso hay escritores que aún te escriben
y poetas que jamás te olvidan;
por eso hay pintores que aún te dibujan
y cantores que siempre te musican.
Porque eres de los grandes el segundo,
en ayer y en hoy y en geografía.

Texto: Aurelio González Ovies
Musicalización e interpretación: Rafa Lorenzo

Imágenes
Luis M. Lafuente
Jesús S.G.
Jorge Del Prado
Abel Paredes
Elosoenpersona
www.laspain.com


Realización:
María García Esperón
(Con mi agradecimiento a Joaquín de la Buelga)


MMXI

domingo, 27 de marzo de 2011

¿Dónde el tiempo?


Me confunde esta luz de primavera con que se extinguen los meses de febrero y marzo. Me confunden las estaciones, los días y los años. La prontitud con la que todo se posa y vuela de mis manos. La distancia que me acerca o la cercanía que me aleja a quien soy, a quien he sido. Vivo en mi confusión, lo confieso. Lo que es hoy me suena muy desconocido, muy apremiante, lo que se vuelve ayer me parece muy indeterminado. Deambulo entre el vacío y la ceniza, entre lo desconocido y lo transitado, y sin embargo, tengo la certeza de que nada, en ese camino entre lo andado y lo inexplorado, nada me ha reconocido como suyo. ¿Nada? ¿Cuánta verdad cabe en nada? ¿Nada es vacío; todo lo que acontece es, al fin y al cabo, nada?

¿Dónde el tiempo? ¿Cuándo empieza, cuándo nos acaece, cuándo termina? ¿El olvido y la ausencia son tiempo? ¿Hay tiempo en los espejos o en las corrientes o en las sombras; o tan sólo transcurre a ritmo humano? ¿Por qué nos duele el tiempo si apenas nos atañe, por qué nos hiere? ¿Si dispusiéramos de más tiempo, de todo el tiempo, entenderíamos el amor de igual manera; esperaríamos con igual intensidad; nos afanaríamos en idénticas torpezas; erraríamos tan a menudo; mataríamos tan ligeramente? ¿Dilata el tiempo? ¿Por qué el tiempo en el dolor y en la tristeza sobreviene tan largo, tan disperso; por qué el tiempo del sufrimiento se desliza tan lento y tan abandonado? ¿Es tiempo el hielo, cómo contar su detención, cómo medir sus lapsos?




¿Era yo aquel muchacho que hace tan poco ¿poco es mucho? andaba por los prados, descalzo e impreciso, enamorado de grillos y libélulas? ¿Soy yo aquél que camina de la mano de una mujer gordita y no muy alta, que sentía pavor por culebras, en busca de moras y de manzanilla? ¿El que ayuda a su padre, casi todos los domingos, entre cotón y grasa, a reparar motores y limpiar piezas, era yo, lo soy? ¿Soy yo ése de la raya al lado, el que lleva unas galletas de coco en la cartera y se dirige a la escuela como quien va a un suplicio? ¿Es el mismo viento el que me despeina, las mismas nubes las que cruzan desesperadas el cielo de esa mañana de mayo? ¿Es algo lo mismo, alguien siempre él mismo?

¿Quién canta, como desde muy allá pero aquí, a mi lado, 'agora non, mio neñu, agora non' y me acoge en su regazo y me acaricia el pelo? ¿Son tiempo de verdad, tiempo otra vez, tiempo nuevo los espacios que nutren los recuerdos; o acaso recordar es, a fin de cuentas, desperdiciar el tiempo real? ¿Realidad y tiempo coinciden, se corresponden? ¿Hay realidad al margen del tiempo? ¿Lo que ya no recuerdo para qué ha sucedido, qué volumen ocupa en los relojes de mi dimensión? ¿Cuánto mide un año; cuántos centímetros median entre la actualidad y el después? ¿Quién dice mañana, a qué amplitud se refiere? ¿Ayer depende de una noche? ¿Una sola noche nos separa definitivamente de todo este presente? ¿Qué cortedad determina el presente, cuánto pesa, cuándo pasa?

¿Por qué persigo en los sueños el tiempo consumado, por qué retorno una y otra vez y siempre a mis muertos y los contemplo y veo cómo suben, plácidos, eternidad arriba, con sus perros antiguos, y observo cómo abren las puertas de su casa, y los llamo y me escuchan y vienen hacia mí con sus brazos abiertos, sonriendo, con salud y ropas de humo? ¿Soñar es también tiempo? ¿Permanecen en mí, más dentro, los sueños en los que acaricio ilusiones, son más míos que todo lo que pretendí atrapar inútilmente?

Sé muy poco del tiempo. Apenas nada. Conozco su erosión, su fuga, sus lesiones. Con un paso desde ahora hacia adelante llego al futuro, que no es más que un escaso momento, un ya y un nada; un paso hacia atrás ya no es viable, menos que después, menos que nada... (La Nueva España, 26-03-08).

sábado, 26 de marzo de 2011

La Caravana del Verso y la poesía de Aurelio González Ovies


Video streaming by Ustream


En el recital "El Verso que no cesa", de La Caravana del Verso, presentado el 11 de marzo de 2011 en el Auditorio del Colegio La Salle a propósito del 24 aniversario de Radio Ujo, en Asturias, algunos poemas de Aurelio González Ovies fueron recitados por Joaquín De la Buelga y Felipe Prieto en la segunda parte del espectáculo, llamada "Hijo de la Tierra".
 El cantautor asturiano Rafa Lorenzo cantó "Cuando la historia da fe de la grandeza", y Laína Cores interpretó las canciones asturianas intercaladas en "El glayíu la gaita"


Foto: Catamaram

PARTE II: “HIJO DE LA TIERRA”

Minuto 29: Presentación del poeta Aurelio González Ovies
Interviene: Joaquín de la Buelga

Minuto 31: Poema: “Vengo del Norte” (Aurelio González Ovies)
Recita: Joaquín de la Buelga

Minuto: 34: Canción: “Cuando la historia da fe” (Aurelio G. Ovies)
Canta: Rafa Lorenzo

Minuto 37: Poema: “Varines de volador” (Aurelio González Ovies)
Recita: Felipe Prieto

Minuto 40: Canción: “Elogio del oso pardo” (A. Camín)
Canta: Rafa Lorenzo

Danza 3ª
Baila: Sandra Risueño

Presentaciones-Agradecimientos-Despedida
Interviene: Joaquín de la Buelga

Minuto 48: El glayíu la gaita
Intervienen: Felipe Prieto, Joaquín De la Buelga, Laína Cores y Rafa Lorenzo


Felipe Prieto, Joaquín De la Buelga, Rafa Lorenzo y Laína Cores

miércoles, 23 de marzo de 2011

Me entristece el mundo


A Tuli

Me entristece el mundo.
Ya nunca más podremos ser jóvenes,
mirarnos con vergüenza
mientras estamos solos,
indagar en la noche el sabor de la niebla;
ya nunca más investigar tu cuerpo
cuando el sol te recorre como una lagartija
o conquistar las playas o abrazarnos
un segundo apenas sobre los cuchicheos
de las olas.
Qué pronto llega todo, qué pronto escapa,
sobre todo,
la belleza de estar viviendo a gusto,
de imaginarse libre mientras cruje el verano
y poder darte un beso más tarde de las once.
Y bordear tus rasgos
con la cintura azul de una genciana;
sobre todo, qué pronto muere el cuerpo.
Sí que me entristece
ver la luz reflejada en las tardes del agua
con forma de canción
o preguntarse a veces
donde os habrá esparcido el aullido del faro.
Es difícil palparse las estrías
y no acordarse un poco
de vuestra voz tostada como la adolescencia;
desenvolver un año encima de la mesa
y barajar a medias la nostalgia
y entrar en los perfumes
y marchar vida atrás por un domingo
en que no habita nadie
más que el viento.
Es verdad que me entristece,
que después de haber roto los recuerdos,
las cartas que escribíamos,
miramos si es posible
reconstruir la ausencia, los pliegos
en que hablabas
de no sé qué concierto
o el cierre del bar de los acantilados
donde siempre acudíamos a última hora.
Es verdad que me duele vuestra mirada turbia
de queimada y tabaco,
que mi puño se enrosca
como una caracola con el rumor
de vuestras carcajadas.
Y me entristece el mundo y más que nada
comprender tan así
que solamente somos un tópico
que oculta la rapidez del tiempo.

martes, 22 de marzo de 2011

Amárrate el pañuelo como en los días pasados


XIV

AMÁRRATE el pañuelo como en los días pasados,
para que nadie ignore nuestro origen
y canta la corriente del río hasta que el sol
se oculte.
Somos los campesinos de la aurora,
los habitantes del poblado que da forma a la lluvia,
los dueños del aliento de la leche
y la frescura femenina de los cántaros.

Es tiempo de sembrar la voz que falta,
es tiempo de enterrar el hambre para siempre,
es tiempo de cocer el barro que nos hunde
en la memoria.
Ella podrá deciros los secretos del fuego
y la blanda leyenda del adobe.

Ella viene conmigo como la azul puntualidad
de las mareas
y romperá en espuma tan pronto como el beso.

Vengo del Norte,
de los brazos comidos de una generación enferma
como la misma muerte,
de las canteras del olvido,
de la simétrica antigüedad de los helechos.
Pero llego al fin,
con la esperanza tierna que apetece en los panes,
con el sabor a tierra que define los cuerpos,
con el escalofrío de la sangre.
Vuestras bocas reventadas
nunca más añorarán la gratitud del agua
ni el refrescante rumor de los cerezos.
Yo también sé cómo gritan las hembras
cuando paren criaturas malditas.
Llorad ahora. Ahora. Nunca os abandonaré,
nunca veréis a esos seres queridos
comidos por las moscas,
nunca estaréis tan solos como el suicidio.
Nunca. Mi palabra es promesa.

Vengo del Norte;
parece que fue ayer cuando caía el sol
en la cal de mi ausencia.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Extraña posición


No es éste mi lugar, canta
en la ciudad un pájaro.
¡Qué extraño! ¡Qué hora más menguante
en medio de la vida! ¡Qué mañana
tan cortamente larga!
¡Qué vacío entre la multitud!
¡Cuánto cansancio, cuánta desilusión!
La luz es nueva, el día está empezando,
un tordo, escondido en los álamos,
me mira temeroso y canta.

No es ésta mi ciudad, ni yo soy éste
tan fuera de sí mismo,
tan a su espalda, tan solo,
tan distante,
                   tan vacuo, tan distinto.

Nunca he llegado a mí,
no me he parado a conocerme un poco,
no me he mirado nunca
frente                                   a frente.

No me libré de equivocarme en vano.
No me he sabido comprender.
No me he tratado con cariño.
No me he sentido jamás libre.
No me he esperado con ilusión
ni asombro.
No utilicé cuando debiera el no.

No es éste el yo que pretendí. No soy mi este yo.
Desde mí hasta mí avisto tantos kilómetros
como hasta los muertos.

Sus últimas palabras que recuerdo


Ella siempre llegaba. Siempre estaba. Siempre podía poder. Siempre podía. Desde que yo salí de su profundidad, partiéndola de dolor, rasgándole la juventud y cargándole la vida, nunca más se encontró ni lejos ni incapaz ni muy cansada. Mi madre, aunque no pudiera poder, siempre pudo. Pudo traerme al mundo, pudo llevarme dentro, pudo pararme el llanto, pudo peinarme siempre, pudo dormir con hambre, pudo inventarme pan. Pudo estar muchos días sin agua y sin deseos, pudo darme de beber siempre, pudo enseñarme a desear. Pudo con el silencio, pudo con la verdad. Pudo estudiarme y pudo estar y estar y estar.

Siempre alerta y en mis proximidades, a todas horas esperando para entregarse, ofreciéndose a ser, espolvoreando calma, desprendiendo voluntad, propiciando alas y opinándose suelo, tejiéndome jerséis y pasos firmes, abriéndome puertas y cerrándose ocasiones, ahuecándose, día a día, para revestirme con su 'llenitud' tan inmensa como sencilla. Yo fui creciéndome y apartándome, siguiendo uno de los muchos ramales de este camino único. Y ella, como un principio y como un final, se mantenía en vela, 'entretenida' con alguna de sus tantas dedicaciones, hasta escuchar el ruido de las llaves y servirme la cena; aguardando la llamada, al otro lado del teléfono, atenta a las peticiones, decidida a presentarse, a estar conmigo 'ya, ahora mismo, de repente, sin perder ni un momento o enseguida', a hilvanarme un cálido 'no te preocupes, eso no es nada, verás cómo se arregla'.

Jamás dejó de poder ni en las noches de fiebre, ni en las fechas cruciales, ni en los peores días. Nunca renunció a hacer por poder. Sin embargo, aquella tarde en la que apenas me escuchaba, pero aún podía sentirme y me oía, cuando le pregunté: '¿cuándo quieres que vuelva?', sus últimas palabras, como desde muy lejos, como quien está yéndose inconsciente de su partida, pero consciente de que ya no habrá vuelta, como desde un sueño insondable, como pudiendo sin poder..., sus últimas palabras susurraron: ven cuando tú tengas tiempo, cuando tú quieras, cuando tú puedas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Desde el viento hasta aquí


Vengo del Norte XIII

DESDE el viento hasta aquí hay tantas leguas
como a la capital del infinito.
Mi casa está muy lejos de los rumbos
y ya nadie la habita más que el tiempo.
Vengo desesperado;
esta es la soledad, mirad sus ojos
llenos de agua,
mirad sus manos de abandono.

No renunciéis jamás a vuestra sangre
porque moriréis rabiados como un perro.
Nunca veáis la envenenada piel de la conciencia.
Creed en ellos,
en los que os dieron leche
y quedaron escuálidos,
en los que os dieron voz
y se quedaron mudos,
en los que os dieron pan
y no comieron,
en los que al veros felices se fueron alejando.
Creed en ellos
y no escupáis nunca encima de sus nombres.

Vengo del Norte,
de la isla de los desaparecidos,
de la locomotora del olvido,
de los abedules de la melancolía,

de los antepasados del saúco.

No tengo nada más que una experiencia en flor
que nevará enseguida
y una voz en plural como los ecos.
Ayudadme a sujetar las uñas de mi vida
y a descargar las dudas que me arañan.

jueves, 10 de marzo de 2011

"El verso que no cesa" en Ujo, Asturias


Para celebrar el 24 aniversario de Radio Ujo, en Asturias, este viernes 11 de marzo a las 18:hrs. en el Salón de Actos del Colegio La Salle, la Caravana del Verso que dirige Joaquín de la Buelga ha preparado "El Verso que no cesa", un recital al que no es necesario poner calificativos, simplemente imaginar un recorrido por los versos de tierra y humanidad de Miguel Hernández y de Aurelio González Ovies, a través de las voces de Joaquín de la Buelga, Felipe Prieto, Rafa Lorenzo y Laína Cores, y de la danza de Sandra Risueño.


PARTE I : “PASTOR Y POETA”

Presentación
Interviene: Joaquín de la Buelga

Danza 1ª y Canción: “Si se calla el cantor” (H. Guarany)
Baila: Sandra Risueño / Canta: Laína Cores

Poema: “Me tiraste un limón, y tan amargo” (M. Hernández)
Recita: Felipe Prieto

Poema: “Todo está lleno de ti” (M. Hernández)
Recita: Joaquín de la Buelga

Canción: “Nanas de la cebolla” (M. Hernández)
Canta: Laína Cores


PARTE II: “HIJO DE LA TIERRA”

Entradilla
Interviene: Felipe Prieto

Poema: “Vengo del Norte” (Aurelio González Ovies)
Recita: Joaquín de la Buelga

Canción: “Cuando la historia da fe” (Aurelio González Ovies)
Canta: Rafa Lorenzo

Poema: “Varines de volador” (Aurelio González Ovies)
Recita: Felipe Prieto

Canción: “Elogio del oso pardo” (A. Camín)
Canta: Rafa Lorenzo

Danza 3ª
Baila: Sandra Risueño

Presentaciones-Agradecimientos-Despedida
Interviene: Joaquín de la Buelga

Poema: “El Glayíu la gaita” (Aurelio González Ovies)
Recitan: J. de la Buelga-Felipe Prieto / Cantan: Laína Cores-Rafa Lorenzo

Danza 2ª
Baila: Sandra Risueño

miércoles, 9 de marzo de 2011

Qué del amanecer


QUÉ del amanecer
si fusilan la noche.

Qué trenes rasgarían el himen
de la aurora.

Bajarían las roldanas
del
crepúsculo
a por luz a lo incierto.

Llevarían los gitanos sus carros
estampados
a otra margen del río.


Cruzarían los relojes sus acueductos
curvos. Arrancarían sin gallos
las máquinas del alba.

Volvería Odiseo tan viejo a su palacio.
Sentiría Machado ladrar a los mastines
cerca de sus romances.
Decidiría Alfonsina encontrarse aquel día

mar adentro.

Cómo sería el amor
sin despertar y verse dulcemente
abrazado.

Vendrían los panaderos con sus hogazas
tiernas. Destilaría la alborada
en los versos silvestres. Penderían
las
gotas
de sus limpias
metáforas. Sería
capaz el hombre de acariciar
tan suave
como roza el frescor
al despertar los campos.

Cómo se pasaría de una tarde
a otra tarde. Por qué atajo
de frase, por qué túnel de verbo.

Qué pensaría el mirlo al no oír
la mañana.

Cómo sabrían del eco las consonantes
jóvenes.

Podrías mirarme a oscuras
y comprobar,

a tientas,
que, aunque fuera una sombra,
te amaría lo mismo que te quiero.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Hoy estarán los dioses maldiciendo su nombre


XVII

HOY estarán los dioses maldiciendo su nombre.
Hemos aprovechado la media noche
para salir del mito a oscuras
como el pecado.
No tenemos nada. Nuestros cuerpos desnudos
y la palabra en fuga.

Venimos decididos a ser los habitantes
de las brújulas,
la huella interrogante de los desorientados,
la onda que delira en la fiebre del agua.
Hoy estarán los dioses desangrando su nombre
y una estirpe sin ojos surgirá de la lluvia.
Desde entonces veréis solamente lo incierto.

Vengo del Norte,
de la recolección de los fracasos,
de la prisa milenaria de la aurora,
de las desilusiones del poniente.

Si nos dais cobijo,
ella tendrá el augurio de las constelaciones,
será la mujerluna de la palabra cielo,
guardará la orfandad de la palabra alma.

Quisiéramos quedarnos en este amor vallado,
acariciar la vida templados como un clima;
quisiéramos amarnos al norte de la bruma
y dormir unos siglos en vuestros lechos blandos

lunes, 28 de febrero de 2011

Ritual


Y que jamás revelen
dónde hiberna el verano,
ni tu maternidad, humilde
primavera. Que nunca
se descubra de qué estás hecho, barro,
que jamás se desvele la estructura del frío,
del abismo, la luz
ni la madera.

Que no sea preciso intervenir el humo,
ni anestesiar el tiempo, ni la quimioterapia
en tu estatura, piedra.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Frío febrero


Y cuando me di cuenta ella ya se marchaba. Qué rápido este mundo, qué vida más extraña. Yo nací por febrero, una tarde, un domingo, a la hora del cine. Siempre dice mi padre que saltó de alegría, pero que le trunqué la mejor «vaquerada». Hacía mucho frío, al parecer, y tormenta a menudo y humedad en los cuartos que filtraba en paredes y calaba en las sábanas. Llegué hacia las ocho, con la ayuda de Amable, la partera del pueblo, generosa y dispuesta; y nací en nuestra casa.

Y por eso en febrero, resurjo muchas veces, tras el invierno tardo que me gusta y me rae, mas me mustia y me apaga. En febrero ya hay brotes en los viejos sabugos y luz nueva en las tardes, pertinaz y alargada. Y me huele al calor de la leña en el fuego y al aceite caliente de freír los buñuelos de dulce y calabaza. Febrero es un mes gélido por fuera solamente, pues en todas sus grutas crepitan el fervor de recuerdos hermosos y braseros ocultos bajo la soledad de sus metáforas. Febrero es un mes corto, pero de extensos riegos de frutos venideros y mies prometedora y esperanza.

Y cuando abrí los ojos, ella estaba a mi lado, sonriendo y tapándome en un serón antiguo con las mantas de lana. La veía mayor, casi siempre de luto, muy triste casi siempre, derramando cariño, pero como angustiada. La percibía más vieja entonces que más tarde, cuando crecí y la vi un poco más contenta, pero con un dolor que nunca confesaba, como si conociera que la dicha es tan breve y engañosa que ni siquiera hay tiempo de expresarla. Como aguardando un nuevo hachazo, como temiendo a diario un desengaño, como auspiciando pronto otra patada.

Y por eso en febrero me encierro en mi silencio y rebusco en las arcas de sus fechas sagradas. En febrero me cuesta asomarme a los años y observar que detrás apenas hay presencias, ni huellas ni camino. No permanece nada. Y admitir que el ahora es parecido al ya, a un final repentino, a una muy falsa alarma. Y aceptar que el después es un espacio en blanco, como un feudo vacío posiblemente nuestro, como una heredad nunca adquirida del todo, como una eterna estafa.

Yo nací por febrero, un mes como una deuda. Por eso ahora quisiera tocarla y protegerla y amarla y abrazarla.



(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 23 febrero, 2011
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI

domingo, 20 de febrero de 2011

No sólo en noviembre


No voy a ir al cementerio, madre, en ese día en que hay tantos vivos mirando a tantos vivos al lado de los muertos, con la excusa de los muertos. Te he dejado unas flores el domingo pasado y un beso, como siempre, desde cerca o desde lejos, barbando en agua. No voy a ir, como tú tampoco lo hacías, a dejarme ver, a fingir composturas, a respetar los ritos, a rezar lo que no creo, a efectuar el trámite y pasar el mal trago de tener que cumplir con quien no me apetece, saludar a desgana, explicar que estoy vivo y qué es de mí a los que no se acercan ni te conocen más que en esa mañana de los muertos. No me gusta pisar el cementerio, a no ser cuando, de tarde en tarde, me acechan dudas.

Mi memoria acude a ti a cada instante, mi corazón está lleno de ti. Tú sigues siendo mi madre, porque yo soy hijo tuyo, porque surgí de ti, de la carne de tu carne, de las profundidades de tu ser. Tú sigues siendo mi rosa de los vientos, mi nombre sobre todos los nombres. Mi poesía te busca, te llama en cada verso, te eleva en cada ritmo. Mi palabra, con hebras de tu Luz, enciende las metáforas en que escondo la ausencia, alumbra los poemas en que vacío el dolor. Estás en cada verso, en cada línea, en cada espacio en blanco de mis páginas, en cada página en blanco de las que han de venir.

Estás, por más que te hayas ido. Existes, por mucho que te hayamos tabicado. Y sé que aún escuchas el canto de los pájaros y cómo brama en noches la furia de la mar y el brío del nordeste entre los eucaliptos y la sirena ronca de Peñas en la niebla. Percibo que vas siempre al lado mío, caminando conmigo, diciéndome que sí a lo que te comento, diciéndome que ánimo con lo que me propongo.

Percibo que me miras con los ojos cerrados y compartes conmigo los tonos del otoño, las hojas acabadas, la belleza escondida de todo lo que tú me enseñaste a captar, incluso en la tristeza. Aprecio que estás tú detrás de cada puesta de sol, apuntalando el púrpura; detrás de cada flor, filtrando suavidad, sobre los aguaceros, perfilando la lluvia.

A ti te he dedicado las horas más felices de mi vida, los recuerdos más gratos, los libros que mereces. De ti hablo sin tregua y te comparo con el calor en medio del invierno, con el agua más fresca en épocas de sed. Hablo de tu benevolencia y tu capacidad de mansión con las puertas abiertas de par en par. De cuando me esperabas con la luz encendida, incansable y cansada, dormida en una silla en la cocina. De cuando me dejabas, tapadas con un plato, un plato de rosquillas o los higos más tiernos. De cuando me escribías en un papel recetas o marcabas en cajas de pastillas y en frascos de jarabe cuántas tomas.

Hablo sencillamente de tus sencillas cosas: de aquellas dos agujas con un poco de hilo, clavadas en la faldilla de los almanaques. De aquellos imperdibles que tanto te gustaba traer en el mandil. De cuando me peinabas y me echabas aceite en los labios «ariados» y marchaba a la escuela y te decía adiós desde la última curva. Hablo de tu sencillez, de tu nobleza. De aquella inmensidad y aquel sosiego que transmitías a quien se te acercaba. De la serenidad que desprendías. Del afecto y la fe que desbordabas. De aquella comprensión con la que interpretabas el mundo y sus errores, la humanidad y sus maneras, el tiempo y sus adversidades.

Doy a la tierra gracias por haberte tenido entre los brazos como ella te retiene ahora en sus entrañas. Gracias al amor por haberte creado a su imagen. Gracias a la humildad por haberte elegido su más diáfano ejemplo. Gracias a la realidad de tantos sueños en los que me apareces y sonríes, me colocas los cuellos, me acaricias el pelo y, con aquel gesto tuyo de paciencia, me besas y susurras que siga descansando, que tienes que volver, que debes irte. Madre, gracias.



(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 22 octubre 2008
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise. Bleu
MMXI

lunes, 14 de febrero de 2011

Deseos paganos



Poemas que filtren en la rutina y nos originen sensaciones misteriosas y deseos paganos. Versos anchurosos que enfurezcan al déspota y lo entristezcan hasta su fin irreparable. Versos sanadores que abran como la luz de la mañana de un día hermosísimo y nos draguen hasta el más recóndito de los remordimientos y nos impidan caer en las garras del pesimismo y la consternación. Poemas impresos en los ágiles lomos de la brisa y en las certeras jabalinas del eco reverberante.

Versos que revienten como una presa colérica y arrasen las trabas y las plantaciones de cábalas y contrabandos, donde han enraizado la tribulación y la orfandad; y salpiquen la superficie del mundo con su verdad necesaria y su generosidad de primavera. Poemas sencillos como la piel de una madre y el talle de la espiga, que nos prenden desde su naturalidad y su bonanza y nos orienten para siempre hacia la luz y la travesía de la lealtad. Versos en concordancia con la lluvia, que calen en la sed y desmientan la forzosa sequía y sus rentables extensiones.

Versos con vegas para asentar la mejor parte de nuestras vidas, los días más deliciosos de la infancia, lejos de la contrariedad y la disensión, donde nos sea suficiente el arroyo que se despeña sin tregua, la sombra inestimable de algún roble copudo y la munificencia de la tierra, bordeada de clima y pájaros y nubes quebradizas que nunca han de volver. Poemas con lo que hemos olvidado desde que ya no estamos a solas con nosotros. Con lo que nunca hubiéramos confesado de no ser por la tarde aquella en la que me hundí en tus ojos y arribé en los parajes del amor.

Versos para enmudecer y obstruir las cavidades de la falsedad, para suplantar la lasitud y la reprensión. Poemas cría en los campanarios de la voz, en las altas techumbres de febrero, para que no concluyan jamás la alada estirpe de la libertad ni la erguida curiosidad. Poemas imperecederos, como el incesante oleaje de Odiseo, como la armónica cadencia de las cítaras, como las huellas suaves de Nausícaa, como la silenciosa espera de las islas o los rasgos sonoros de la Eneida. Versos, apartados del miedo y de la muerte y de los seres ignominiosos, que no merecen ser mirados ni oídos ni amparados por su sangre asesina e insaciable. Poemas para la vida, desde que nace hasta que se extingue inexorable y débil.

La Nueva España, 9 febrero 2011

martes, 8 de febrero de 2011

Palabras-Regalo de Asunción Carracedo

Palabras-regalo: un guiño poético a un poeta cargado de "infancias", "memoria" y "HUMANIDAD" de los pies a la cabeza.
Atrapada por la belleza de sus poemas, colgada de muchas de sus palabras, dejé volar mis manos al compás de mi corazón para escribir "este torpe" guiño en forma de regalo de cumpleaños, envuelto en un cálido abrazo de papel.




A imagen del silencio
hundo mis manos
en las estaciones
de tus versos
y
en el borde de los labios,
rumor de viento
tan cerca del cielo,
tus verbos conjugados
A imagen del silencio
tantos recuerdos
nombrados
se hacen
 ecos callados
temblor y aleteo
anidando en el pecho

A imagen del silencio
tus palabras desnudas
lenta y pausadamente 
miran de frente
despojadas de sus vestidos
atravesando espejos
abriendo espacios y
tiempos...
y
se mudan infinitamente libres
en la cárcel de los días

A imagen del silencio
un nuevo poema
"espera" ser nacido
en la Tierra
de los deseos
y
poco a poco,
pero siempre,
para siempre
y
con constancia
enseñarnos a amar
dejando huella
en cada una de sus letras


texto y voz : Asunción Carracedo
música: Nightnoise
imágenes: "Rita" y Asunción 

Desde mi rincón de León
                                       ....felicidades Aurelio
A.C.G.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Para escribirte a ti


Para escribirte a ti
no necesito guerras,
ni ausencias, ni recuerdos.
Solamente creer que
es mentira el pasado,
mentira
como los reyes magos, como la vida eterna.
Quédate aquí una vida,
conviértete en estatua
de mi cuarto
y te daré mis versos
y te pondré en las manos pétalos de poemas.
Para escribirte a ti
no pido más que un libro
con tu presencia para hacer mi palabra.

Hace ya mucha historia
no creo sino en ti.