lunes, 14 de marzo de 2011
Desde el viento hasta aquí
Vengo del Norte XIII
DESDE el viento hasta aquí hay tantas leguas
como a la capital del infinito.
Mi casa está muy lejos de los rumbos
y ya nadie la habita más que el tiempo.
Vengo desesperado;
esta es la soledad, mirad sus ojos
llenos de agua,
mirad sus manos de abandono.
No renunciéis jamás a vuestra sangre
porque moriréis rabiados como un perro.
Nunca veáis la envenenada piel de la conciencia.
Creed en ellos,
en los que os dieron leche
y quedaron escuálidos,
en los que os dieron voz
y se quedaron mudos,
en los que os dieron pan
y no comieron,
en los que al veros felices se fueron alejando.
Creed en ellos
y no escupáis nunca encima de sus nombres.
Vengo del Norte,
de la isla de los desaparecidos,
de la locomotora del olvido,
de los abedules de la melancolía,
de los antepasados del saúco.
No tengo nada más que una experiencia en flor
que nevará enseguida
y una voz en plural como los ecos.
Ayudadme a sujetar las uñas de mi vida
y a descargar las dudas que me arañan.
jueves, 10 de marzo de 2011
"El verso que no cesa" en Ujo, Asturias
Para celebrar el 24 aniversario de Radio Ujo, en Asturias, este viernes 11 de marzo a las 18:hrs. en el Salón de Actos del Colegio La Salle, la Caravana del Verso que dirige Joaquín de la Buelga ha preparado "El Verso que no cesa", un recital al que no es necesario poner calificativos, simplemente imaginar un recorrido por los versos de tierra y humanidad de Miguel Hernández y de Aurelio González Ovies, a través de las voces de Joaquín de la Buelga, Felipe Prieto, Rafa Lorenzo y Laína Cores, y de la danza de Sandra Risueño.

PARTE I : “PASTOR Y POETA”
Presentación
Interviene: Joaquín de la Buelga
Danza 1ª y Canción: “Si se calla el cantor” (H. Guarany)
Baila: Sandra Risueño / Canta: Laína Cores
Poema: “Me tiraste un limón, y tan amargo” (M. Hernández)
Recita: Felipe Prieto
Poema: “Todo está lleno de ti” (M. Hernández)
Recita: Joaquín de la Buelga
Canción: “Nanas de la cebolla” (M. Hernández)
Canta: Laína Cores
PARTE II: “HIJO DE LA TIERRA”
Entradilla
Interviene: Felipe Prieto
Poema: “Vengo del Norte” (Aurelio González Ovies)
Recita: Joaquín de la Buelga
Canción: “Cuando la historia da fe” (Aurelio González Ovies)
Canta: Rafa Lorenzo
Poema: “Varines de volador” (Aurelio González Ovies)
Recita: Felipe Prieto
Canción: “Elogio del oso pardo” (A. Camín)
Canta: Rafa Lorenzo
Danza 3ª
Baila: Sandra Risueño
Presentaciones-Agradecimientos-Despedida
Interviene: Joaquín de la Buelga
Poema: “El Glayíu la gaita” (Aurelio González Ovies)
Recitan: J. de la Buelga-Felipe Prieto / Cantan: Laína Cores-Rafa Lorenzo
Danza 2ª
Baila: Sandra Risueño
miércoles, 9 de marzo de 2011
Qué del amanecer
QUÉ del amanecer
si fusilan la noche.
Qué trenes rasgarían el himen
de la aurora.
Bajarían las roldanas
del
crepúsculo
a por luz a lo incierto.
Llevarían los gitanos sus carros
estampados
a otra margen del río.
Cruzarían los relojes sus acueductos
curvos. Arrancarían sin gallos
las máquinas del alba.
Volvería Odiseo tan viejo a su palacio.
Sentiría Machado ladrar a los mastines
cerca de sus romances.
Decidiría Alfonsina encontrarse aquel día
mar adentro.
Cómo sería el amor
sin despertar y verse dulcemente
abrazado.
Vendrían los panaderos con sus hogazas
tiernas. Destilaría la alborada
en los versos silvestres. Penderían
las
gotas
de sus limpias
metáforas. Sería
capaz el hombre de acariciar
tan suave
como roza el frescor
al despertar los campos.
Cómo se pasaría de una tarde
a otra tarde. Por qué atajo
de frase, por qué túnel de verbo.
Qué pensaría el mirlo al no oír
la mañana.
Cómo sabrían del eco las consonantes
jóvenes.
Podrías mirarme a oscuras
y comprobar,
a tientas,
que, aunque fuera una sombra,
te amaría lo mismo que te quiero.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Hoy estarán los dioses maldiciendo su nombre
XVII
HOY estarán los dioses maldiciendo su nombre.
Hemos aprovechado la media noche
para salir del mito a oscuras
como el pecado.
No tenemos nada. Nuestros cuerpos desnudos
y la palabra en fuga.
Venimos decididos a ser los habitantes
de las brújulas,
la huella interrogante de los desorientados,
la onda que delira en la fiebre del agua.
Hoy estarán los dioses desangrando su nombre
y una estirpe sin ojos surgirá de la lluvia.
Desde entonces veréis solamente lo incierto.
Vengo del Norte,
de la recolección de los fracasos,
de la prisa milenaria de la aurora,
de las desilusiones del poniente.
Si nos dais cobijo,
ella tendrá el augurio de las constelaciones,
será la mujerluna de la palabra cielo,
guardará la orfandad de la palabra alma.
Quisiéramos quedarnos en este amor vallado,
acariciar la vida templados como un clima;
quisiéramos amarnos al norte de la bruma
y dormir unos siglos en vuestros lechos blandos
lunes, 28 de febrero de 2011
Ritual
Y que jamás revelen
dónde hiberna el verano,
ni tu maternidad, humilde
primavera. Que nunca
se descubra de qué estás hecho, barro,
que jamás se desvele la estructura del frío,
del abismo, la luz
ni la madera.
Que no sea preciso intervenir el humo,
ni anestesiar el tiempo, ni la quimioterapia
en tu estatura, piedra.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Frío febrero
Y cuando me di cuenta ella ya se marchaba. Qué rápido este mundo, qué vida más extraña. Yo nací por febrero, una tarde, un domingo, a la hora del cine. Siempre dice mi padre que saltó de alegría, pero que le trunqué la mejor «vaquerada». Hacía mucho frío, al parecer, y tormenta a menudo y humedad en los cuartos que filtraba en paredes y calaba en las sábanas. Llegué hacia las ocho, con la ayuda de Amable, la partera del pueblo, generosa y dispuesta; y nací en nuestra casa.
Y por eso en febrero, resurjo muchas veces, tras el invierno tardo que me gusta y me rae, mas me mustia y me apaga. En febrero ya hay brotes en los viejos sabugos y luz nueva en las tardes, pertinaz y alargada. Y me huele al calor de la leña en el fuego y al aceite caliente de freír los buñuelos de dulce y calabaza. Febrero es un mes gélido por fuera solamente, pues en todas sus grutas crepitan el fervor de recuerdos hermosos y braseros ocultos bajo la soledad de sus metáforas. Febrero es un mes corto, pero de extensos riegos de frutos venideros y mies prometedora y esperanza.
Y cuando abrí los ojos, ella estaba a mi lado, sonriendo y tapándome en un serón antiguo con las mantas de lana. La veía mayor, casi siempre de luto, muy triste casi siempre, derramando cariño, pero como angustiada. La percibía más vieja entonces que más tarde, cuando crecí y la vi un poco más contenta, pero con un dolor que nunca confesaba, como si conociera que la dicha es tan breve y engañosa que ni siquiera hay tiempo de expresarla. Como aguardando un nuevo hachazo, como temiendo a diario un desengaño, como auspiciando pronto otra patada.
Y por eso en febrero me encierro en mi silencio y rebusco en las arcas de sus fechas sagradas. En febrero me cuesta asomarme a los años y observar que detrás apenas hay presencias, ni huellas ni camino. No permanece nada. Y admitir que el ahora es parecido al ya, a un final repentino, a una muy falsa alarma. Y aceptar que el después es un espacio en blanco, como un feudo vacío posiblemente nuestro, como una heredad nunca adquirida del todo, como una eterna estafa.
Yo nací por febrero, un mes como una deuda. Por eso ahora quisiera tocarla y protegerla y amarla y abrazarla.
(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 23 febrero, 2011
Voz: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
domingo, 20 de febrero de 2011
No sólo en noviembre
No voy a ir al cementerio, madre, en ese día en que hay tantos vivos mirando a tantos vivos al lado de los muertos, con la excusa de los muertos. Te he dejado unas flores el domingo pasado y un beso, como siempre, desde cerca o desde lejos, barbando en agua. No voy a ir, como tú tampoco lo hacías, a dejarme ver, a fingir composturas, a respetar los ritos, a rezar lo que no creo, a efectuar el trámite y pasar el mal trago de tener que cumplir con quien no me apetece, saludar a desgana, explicar que estoy vivo y qué es de mí a los que no se acercan ni te conocen más que en esa mañana de los muertos. No me gusta pisar el cementerio, a no ser cuando, de tarde en tarde, me acechan dudas.
Mi memoria acude a ti a cada instante, mi corazón está lleno de ti. Tú sigues siendo mi madre, porque yo soy hijo tuyo, porque surgí de ti, de la carne de tu carne, de las profundidades de tu ser. Tú sigues siendo mi rosa de los vientos, mi nombre sobre todos los nombres. Mi poesía te busca, te llama en cada verso, te eleva en cada ritmo. Mi palabra, con hebras de tu Luz, enciende las metáforas en que escondo la ausencia, alumbra los poemas en que vacío el dolor. Estás en cada verso, en cada línea, en cada espacio en blanco de mis páginas, en cada página en blanco de las que han de venir.
Estás, por más que te hayas ido. Existes, por mucho que te hayamos tabicado. Y sé que aún escuchas el canto de los pájaros y cómo brama en noches la furia de la mar y el brío del nordeste entre los eucaliptos y la sirena ronca de Peñas en la niebla. Percibo que vas siempre al lado mío, caminando conmigo, diciéndome que sí a lo que te comento, diciéndome que ánimo con lo que me propongo.
Percibo que me miras con los ojos cerrados y compartes conmigo los tonos del otoño, las hojas acabadas, la belleza escondida de todo lo que tú me enseñaste a captar, incluso en la tristeza. Aprecio que estás tú detrás de cada puesta de sol, apuntalando el púrpura; detrás de cada flor, filtrando suavidad, sobre los aguaceros, perfilando la lluvia.
A ti te he dedicado las horas más felices de mi vida, los recuerdos más gratos, los libros que mereces. De ti hablo sin tregua y te comparo con el calor en medio del invierno, con el agua más fresca en épocas de sed. Hablo de tu benevolencia y tu capacidad de mansión con las puertas abiertas de par en par. De cuando me esperabas con la luz encendida, incansable y cansada, dormida en una silla en la cocina. De cuando me dejabas, tapadas con un plato, un plato de rosquillas o los higos más tiernos. De cuando me escribías en un papel recetas o marcabas en cajas de pastillas y en frascos de jarabe cuántas tomas.
Hablo sencillamente de tus sencillas cosas: de aquellas dos agujas con un poco de hilo, clavadas en la faldilla de los almanaques. De aquellos imperdibles que tanto te gustaba traer en el mandil. De cuando me peinabas y me echabas aceite en los labios «ariados» y marchaba a la escuela y te decía adiós desde la última curva. Hablo de tu sencillez, de tu nobleza. De aquella inmensidad y aquel sosiego que transmitías a quien se te acercaba. De la serenidad que desprendías. Del afecto y la fe que desbordabas. De aquella comprensión con la que interpretabas el mundo y sus errores, la humanidad y sus maneras, el tiempo y sus adversidades.
Doy a la tierra gracias por haberte tenido entre los brazos como ella te retiene ahora en sus entrañas. Gracias al amor por haberte creado a su imagen. Gracias a la humildad por haberte elegido su más diáfano ejemplo. Gracias a la realidad de tantos sueños en los que me apareces y sonríes, me colocas los cuellos, me acaricias el pelo y, con aquel gesto tuyo de paciencia, me besas y susurras que siga descansando, que tienes que volver, que debes irte. Madre, gracias.
(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 22 octubre 2008
Voz: María García Esperón
Música: Nightnoise. Bleu
MMXI
lunes, 14 de febrero de 2011
Deseos paganos
Poemas que filtren en la rutina y nos originen sensaciones misteriosas y deseos paganos. Versos anchurosos que enfurezcan al déspota y lo entristezcan hasta su fin irreparable. Versos sanadores que abran como la luz de la mañana de un día hermosísimo y nos draguen hasta el más recóndito de los remordimientos y nos impidan caer en las garras del pesimismo y la consternación. Poemas impresos en los ágiles lomos de la brisa y en las certeras jabalinas del eco reverberante.
Versos que revienten como una presa colérica y arrasen las trabas y las plantaciones de cábalas y contrabandos, donde han enraizado la tribulación y la orfandad; y salpiquen la superficie del mundo con su verdad necesaria y su generosidad de primavera. Poemas sencillos como la piel de una madre y el talle de la espiga, que nos prenden desde su naturalidad y su bonanza y nos orienten para siempre hacia la luz y la travesía de la lealtad. Versos en concordancia con la lluvia, que calen en la sed y desmientan la forzosa sequía y sus rentables extensiones.
Versos con vegas para asentar la mejor parte de nuestras vidas, los días más deliciosos de la infancia, lejos de la contrariedad y la disensión, donde nos sea suficiente el arroyo que se despeña sin tregua, la sombra inestimable de algún roble copudo y la munificencia de la tierra, bordeada de clima y pájaros y nubes quebradizas que nunca han de volver. Poemas con lo que hemos olvidado desde que ya no estamos a solas con nosotros. Con lo que nunca hubiéramos confesado de no ser por la tarde aquella en la que me hundí en tus ojos y arribé en los parajes del amor.
Versos para enmudecer y obstruir las cavidades de la falsedad, para suplantar la lasitud y la reprensión. Poemas cría en los campanarios de la voz, en las altas techumbres de febrero, para que no concluyan jamás la alada estirpe de la libertad ni la erguida curiosidad. Poemas imperecederos, como el incesante oleaje de Odiseo, como la armónica cadencia de las cítaras, como las huellas suaves de Nausícaa, como la silenciosa espera de las islas o los rasgos sonoros de la Eneida. Versos, apartados del miedo y de la muerte y de los seres ignominiosos, que no merecen ser mirados ni oídos ni amparados por su sangre asesina e insaciable. Poemas para la vida, desde que nace hasta que se extingue inexorable y débil.
La Nueva España, 9 febrero 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Palabras-Regalo de Asunción Carracedo
Palabras-regalo: un guiño poético a un poeta cargado de "infancias", "memoria" y "HUMANIDAD" de los pies a la cabeza.
Atrapada por la belleza de sus poemas, colgada de muchas de sus palabras, dejé volar mis manos al compás de mi corazón para escribir "este torpe" guiño en forma de regalo de cumpleaños, envuelto en un cálido abrazo de papel.
A imagen del silencio
hundo mis manos
en las estaciones
de tus versos
y
en el borde de los labios,
rumor de viento
rumor de viento
tan cerca del cielo,
tus verbos conjugados
A imagen del silencio
tantos recuerdos
nombrados
se hacen
ecos callados
temblor y aleteo
anidando en el pecho
A imagen del silencio
tus palabras desnudas
lenta y pausadamente
miran de frente
despojadas de sus vestidos
atravesando espejos
abriendo espacios y
tiempos...
tiempos...
y
se mudan infinitamente libres
en la cárcel de los días
A imagen del silencio
un nuevo poema
"espera" ser nacido
en la Tierra
de los deseos
y
poco a poco,
pero siempre,
para siempre
y
con constancia
enseñarnos a amar
dejando huella
en cada una de sus letras
texto y voz : Asunción Carracedo
música: Nightnoise
imágenes: "Rita" y Asunción
Desde mi rincón de León
....felicidades Aurelio A.C.G.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Para escribirte a ti
Para escribirte a ti
no necesito guerras,
ni ausencias, ni recuerdos.
Solamente creer que
es mentira el pasado,
mentira
como los reyes magos, como la vida eterna.
Quédate aquí una vida,
conviértete en estatua
de mi cuarto
y te daré mis versos
y te pondré en las manos pétalos de poemas.
Para escribirte a ti
no pido más que un libro
con tu presencia para hacer mi palabra.
Hace ya mucha historia
no creo sino en ti.
sábado, 29 de enero de 2011
Los deseos paganos
Nuestra costumbre: el fuego.
Somos dos seres ávidos.
Mi voluntad chispea
para vivir el día
y encontrar en su ardor
la misma causa.
jueves, 27 de enero de 2011
Al otro lado del poniente
Al otro lado del poniente
hay un oráculo de dioses ilegales
que te explican en ático porqué se escapa
el tiempo.
No piden nada a cambio
de izarte en uno de sus templos para siempre
o convertir tu boca en un perfume
de hierbas consagradas.
Pregunta por el camino más olvidado
de la tierra y no mires lo que se queda atrás
hasta la luz del alba.
viernes, 21 de enero de 2011
Manifestación
Se subieron al cielo
con gigantes megáfonos:
¡Quien entienda una guerra,
que levante las manos!
Y sólo un presidente
y un rey refunfuñón
y un obispo reumático
y un fabricante de hambre
y un falso ecologista
y un inventor de marcas
y un coronel jorobo
y un vendedor de lágrimas
y un cazador de cuentos
y un dirigente enano
y el abuelo de un monstruo
levantaron el brazo.
(Bueno..., y unos buitres que iban
con pancartas carnívoras
esparciendo catarros)
martes, 18 de enero de 2011
Si me entregas tus tierras
Vengo del Norte
XV
SI me entregas tus tierras
las fuentes dejarán que beba tu ganado
y una tarde, cada cien primaveras,
celebrarán tu nombre con albahaca y lluvia
los pobladores que no conoceremos.
Pídeme que te ofrezca mi sangre,
ruégame que robe los dialectos del agua,
oblígame a entregarte la edad del viento.
Si me ofrendas tus campos todo será tuyo
y nacerán las flores orientadas a ti
y los montes tendrán distinta perspectiva
y las aves un vuelo sin frontera.
Estoy dispuesto a no volver al Norte
si firmamos la paz y enseñamos la mar a los desiertos,
la palabra a los bárbaros, el sol a los enfermos.
Aquí la muerte es una brisa
enamorada de tus pechos,
de las frágiles dunas del carácter humano.
Aquí la tierra posee la estatura de los sueños
y la sombra incapaz de la amargura.
Estoy dispuesto a no volver al Norte
para estampar los gestos de tu vejez anónima
en todos los espacios
y edificar santuarios donde viva la llama
de tus ojos abiertos.
Nunca regresaré ni hablaré del pasado
ni te reprocharé mi corazón sin dueño.
Pero quédate en mí, fuente, cometa, despertar,
únete a mi aliento, infinitud,
y respira conmigo
y toca con mis manos.
Todo podrá ser nuestro
sin distinción de género. La verdad
sabe ácima como el pan de los dioses,
a pesar de ser dulce.
Vendrán los peregrinos y tú, esfinge dolorida,
borrarás los caminos que no llegan,
pondrás todos los lugares aquí mismo,
responderás de luto como el tiempo.
Estoy dispuesto a no volver al Norte
y a llorar algún día recordando mi infancia
cuando ya estés dormida,
pero hagamos la paz y rompamos los nombres.
domingo, 16 de enero de 2011
Manos
Qué espacio milagroso el de las manos:
aman tocan retienen presienten matan
siembran
abrazan edifican acarician valoran
miden cazan impiden
se desgastan
se cierran.
sábado, 8 de enero de 2011
El Glayíu la Gaita en voz de Joaquín de la Buelga
Oyíla tantes veces, pue ser lo qu'ella quiera: ñeve, frescura, agua, carrascu, manantial. Pue tener les edaes que-y dean los nuesos oyíos, pue ser vieya, neña, mocina, namorada. Pue ser la estación que más-y lluza nos flecos:
primavera, veranu, cinta, borla, ivernada. Oyíla tantes veces, antes ser tan sofisticada nin ser toos tan celtes nin modernos y finos por falar con pallabres del senu maternal. Pue ser aire llibre, pozu mina, molín, pastora, vaqueirada.
Pue ser lo qu'ella quiera: parroquia, despidida, ronda, tenreza, nana.
Duerme, neñín míu,
que vien el coco,
y marcha colos neños
que duermen poco.
Oyíla pela calle, cola virxe delantre, na romería'l pueblu, apoyáu na portiella, y ya se me poníen los pelos mui de punta; oyíla ente la nueche, pa festexar el Carmen, qu´en Bañugues celébrase a finales setiembre, coles viudas rezando-y al nome d´un paisanu y al salvavides la lancha, y yá m´entraben ganes d'abrazame a quien fuera. Oyíla, con mio madre, yá malina, que la oyía y callaba, y tragaba saliva emocionada. Oyíla en romeríes, al mediudía, nel prau, colos homes vistíos coles meyores gales y les muyeres guapes, arreglaes, espurríes, d- estrenu, con sandalies charol y les uñes pintaes; y entós yá me clavaba como guyes xigantes col grosor d´una estaca.
Oyíla en misa, mezclándose solemne, melódica, col llatín y la salve, col credu y la pallabra, y desprendía fe, soltaba como inciensu, como lliturxes d´oro, como orbayos sagraos, como oración en grana. Y los santos, escuchándola, facíenseme más humanos; como si ella quixera vibra-yos nos sos llabios o ellos intentaren baxar del pedestal.
Oyíla nos entierros, cuando dalgún nos marcha, nuna tarde d'iviernu, nel medio'l cementeriu, cuando namás que tábamos el difuntu, los páxaros, cuatro amigos, la llápida, y nun sabría dicir si'y dio vida a la muerte o pena o esperanza.
Oyíla munches veces, y siempre me dexó una allegría tristona, un dulzor qu'amargaba.
Pente los maizales, siendo yo un chavalucu, cuando andábemos tantiando cola edá y la inocencia, col tabacu y los cuerpos, con Pepe, Inacio, Vitoria, Pablo, Marta, Yolanda ...; frente a la mar, sonando, tamién la oyí sonar, pasame pola piel como cuando la brisa pasa y roza coles fueyes y paez que t'enfresca pero paez que te manca. Oyíla ente xelaes, cuando diba a la escuela, y alguién la tocaba tras de casa. Oyíla munches veces, y nunca me ponía nin llocu de contentu nin apagaú del too. Pero algo había nella que me metía nel cuerpu como una ilusión grande que te quita la gracia; algún tono como que ta diciéndote qu'aproveches el tiempu, qu'agarres lo que llega, porque si non que vuela, porque si non qu'escapa.
Oyíla en tou Asturies, si nun recuerdo mal: na picarota un monte, cola rexón dormiendo sobre una vega fondia y la niebla allargada; montáu nuna chalana, p'allá del cabu Peñes, como una sirenina que clama pol so pá. Oyíla tamién lloñe casa, au dicen cornamusa, y entós cálate ren pechu como si te clavaren un gaxarte morrina y t'echaren nos gueyos un xarráu d'humedá. Na cocina mío güela, mientras ella amasaba, y namás que la oyía tarariaba lletres o empezaba bailar:
Pastor que tas nel monte,
y duermes entre la rama,
si te casares conmigo, pastor,
durmieres en buena cama ....
Oyíla nes verbenes, añu tras añu, echar de menos cares, llamar col so llamentu, primitivu y eternu, a los que yá nun tán; oyíla entre los corros, dando-y la soníu al xiru, xuntándonos les manes con fuerza y amistá. Alredor la foguera, esguilando nes llames, cuando la flor del agua ta a puntu reventar. Ellí, sonando bruxa, como l'ecu una xana, como'l gritu una madre cuando pare y la rasguen. Oyíla, oyíla abondo na nueche de san Xuan.
Oyíla tola vida, crecí oyendo la gaita, y güei cuando la escucho, la de siempre, la que tien un punteru, un roncón, un soplete, la payuela, el payón, el fuelle y los asientos, cuando la oigo quexase danme ganes llorar, cuérreme poles venes como un ríu muy vieyu, como un regatu humilde y viénenme a la mente los que nun tán equi nin m´apetez nomar.
Óigola y, nun segundu, como los cangarexos, voy andando p´atrás, llévame a tolos sitios, a tolos sentimientos, a toles mios vivencies, a toles mios quebradures; a tola intensidá. Trespórtame, y toi tovía esmarañando yerba nes tablaes de xunu, ellí onde comíamos tortiella con chorizu, debaxo d´un salgueru, ellí onde pisaba, muertu sede y picores, agarráu a la estaca, l´altura´l balagar. Trespórtame, quítame años, pero améstame nudos na garganta, por allegre que suene, por saltarina que sea, por festexera que sople; tien algo dientro'l fuelle, mezclao cola pelleya, qu'esparce xiringüelos y sema soledá. Algo-y echen al fuelle, con algo l'unten a la hora adobalu, que suelta per Asturies muñeiras y floreos, ximielga castañales, atr'y a les calandries, apasiona a los horros, engatusa a los perros, pero fai dañu a l 'alma como con llontananza y buena voluntá. Ye como si t´abracen, te canten y t´abracen y al abrazate tanto, al sentite queríu, feliz, fuera de ti, entusiasmáu, radiante, te lleguen afogar.
La gaita .... Cuántes veces paso delantre casa, estallando voladores, baxo´l cielu d´agosto, col tambor a la vera, y mío tía ensiguida volvíase tonada, metíase nes coples, con voz entrecortada, y nun llera a callar:
Dime xilguerín parleru,
dime que comes,
como arenines del mar,
del campu, flores.
Cuántes veces, sentaos a media tarde, na fiesta Samartuelu, nel tendeyón, les gaites, dende lloñe, nos adormecieron nuna siesta perfondia mui arcaica .... Nun sé qué bocanaes de lluminosidá despide. Nun sé con que potencia nos borra les angusties, si nun ye más qu'un tubu, el cachín d'una caña de la sensibilidá. Nun sé como domina la tierra y los homes, y atrapa-yos los cinco sentíos al sonar. Ye oyila, y estremecete y adientrate nel tiempu, y viaxar por quintanes, onde hai pitines sueltes; ye oyíla, y ponete a xiblar.
Oyíla, per Candás, nel Cristu, a l´alborada, dici-y adiós a barcos que nun sabíen zarpar, y paecía que toles lanches se movíen col ritmu d´una cuna, col pesar d´una llágrima que nun quier resbalar. Per Verdicio, per Cardo, per Perdones, per Cangas .... Oyí tamién les notes dedicaes a Llumeres que casi toles tardes, engaramáu nel horru, esparcía Lolo Rey, l´home Aurelia.
Oyíla, siempre la oyí, y paparaos d´olvidu atragantábenme d´alcordanza, y borbotones d´imaxes empapizábenseme nel olvidu. Oyíla sola, y a toes a la vez, imponese como un coru d´ausentes, glayar d'amor, al son y'l dominiu y la maestría Manólo, un quirosanu, del Norte, que namás arrimase al soplete, namás cariciar el punteru, empañaba la vista los cuatro puntos cardinales, tiñía la xeografía de preciosidá. Por eso en Ricao, al escurecer, suspiren tanto les rendixes la tierra, porque fue onde nació aquella eternidá que vive ellí enterrada:
En Quirós yo nací,
en Quirós enseñáronme a andar,
en Quirós yo aprendí,
a rir, a querer, a suañar ....
viernes, 7 de enero de 2011
Coplilla
Enterré a mi periquito
debajo de un limonero
y ahora nacen los limones
con lunares azul cielo.
jueves, 6 de enero de 2011
Noche de Reyes
Ojalá los Reyes te hayan traído
todos los ingredientes para el cariño,
y que en las tardes largas de los domingos
amases ilusiones a tus amigos.
Ojalá hayan dejado risa y semillas
y nazcan carcajadas de margaritas.
Ojalá los camellos, tira que tira,
hayan llenado el aire de fantasía
y a partir de mañana, día tras día,
en el frío del mundo no haya rendijas.
Amoriquitos
-Periquita, quita el pico,
estás todo el día picando.
-Periquito, es que te quiero,
por eso te pico tanto.
Paquita la periquita
picotea el pico a Paco,
y a Paco lo pone loco
Paquita picoteando.
Pero el amor tiene pico,
el amor es como un pájaro.
Le gusta volar, ser libre
y enferma si lo enjaulamos.
En: Poemas desde el faro
martes, 4 de enero de 2011
Carta de reis con retrasu
Equí toi baxo'l primer cielu altu de xineru. Baxo les ales alborotaes del nordés y l'iviernu. Sé que ye tarde pa qu'estes lletres vos lleguen a tiempu, pues andaréis colos camellos cargaos pente les ilusiones y la inxenuidá de los más neños; pente la escuridá, entrando y saliendo nes cases, ensin que nengún de los que vos espera, ñervosu, vos vea nin vos sienta. Taréis, como facíais con nós, dexando baxo les cames y los pinos los regalos y paquetes. Sé que ye demasiao tarde, pero valme igual, agora yá nunca m'abulta tarde, pues toi convencíu de que les coses cuanto más se faen esperar, cuanto más tardamos en consiguiles, más les estimamos, más nos encandilen y más nos entusiasmen.
(La Nueva España, 13 de enero 2007)
Anuncio por palabras
Se necesita un ser
que quiera compartir lo poco que tenemos
de lo mucho que aún queda.
[No han de importar sus años, su condición social
su domicilio...
Pero es urgente.
Alguien que entienda todavía por qué se van los pájaros
otoño arriba
a qué ha venido el hombre
a qué flor pertenece el color de los sueños,
en qué mes se desbordan las razas infelices,
con qué uvas se pisa la esperanza,
con qué refrán se cura la maldición de estar siempre
tan tristes.
SE REQUIERE que sepa manejar el idioma de las cosas sencillas.
y calcular el radio de los besos
y valorar los rostros que carecen de marca
y escribir en presente las ilusiones muertas
y entender la estructura de los gestos.
PREFERENTEMENTE niño - hombre - mujer - adolescente,
de la piel que quisiera,
con los ojos redondos como un significado,
con la voz siempre en fuga como las libertades
y las manos abiertas como diez intenciones.
Pero un ser, ante todo
que jamás haya visto un chubasco de sangre,
que no haya puesto nunca una trampa a la vida,
que haya bebido a veces un mar de malos tragos
y a veces con la rabia haya comido tierra.
Es también requisito presentarse a deshora
con el inmenso encanto de lo que no se espera,
con la sonrisa fresca como un chorro del alma
y el eterno secreto por que uno se enamora.
Alguien que prometiera
que es preciso muy poco para ser muy feliz a toda costa.
Pero es urgente.
(Para Elena y Julio y Andrea y Sergio)
(c) Aurelio González Ovies
Del libro: La hora de las gaviotas
domingo, 2 de enero de 2011
Fisonomía de Occidente
Mi voz sube al ocaso su mirada.
Mis ojos hoy se posan al poniente.
Mirándote percibo por qué el cielo
derrocha tanta púrpura al perderse.
Belleza que una abuela tiende al verde.
Cordales que amurallan el futuro.
Aspas que roturan el horizonte.
Sendas que peregrinan por las brañas.
Paneras donde curten los anhelos.
Colmenas donde los brezos destilan.
Siluetas de ganado entre la niebla.
Aldeas con carácter de pizarra.
El corzo joven que olfatea el mundo.
El acebal que no conoce el tiempo.
Parajes donde sólo ha entrado el eco.
Molinos que esperan un grano de agua.
Vegas que no han cansado de su sombra.
Cangas que han renunciado a distanciarse.
Ríos que jamás han retrocedido.
Montañas que nunca dieron la espalda.
Minas como mujeres ya maduras.
Viñedos que se trenzan a la vida.
Lagos donde la altura desahoga.
Pantanos donde aún suenan campanas.
Acantilados que bajan al norte.
Poblados que se apiñan en el vértigo.
Poblados con la mar hasta los hombros.
Poblados con los pies sobre las playas.
La luz indiana de la atardecida.
Los monasterios con su gesto lánguido.
La cal viva que viste el cementerio.
El corredor donde airean las sábanas.
El aroma rural del mediodía.
La plata de los peces en las lonjas.
El volumen tan viejo de los quesos.
La hora lenta en que tornan las lanchas.
Dólmenes con su soledad a cuestas.
Concejos nietos de la artesanía.
La antigua arquitectura de los campos.
El castreño solar de la esperanza.
Qué más puede pedírsele a la tierra,
qué menos esperar de esta vertiente.
Mirándote comprendo por qué el sol
quiso morir a diario en occidente.
(Texto leído en Teatro de Tineo. Noviembre de 2006)
jueves, 30 de diciembre de 2010
Atrás, al fondo del vacío
Para Manuel García Viejo
Nada transitable nos queda atrás, Manolo, amigo. Nada con latido. Atrás es nunca, por más que un día haya sido un ahora, por más que fuera entonces y realidad segura. Posee árboles y montañas esbeltas y ríos que transcurren con caudal soñoliento y rebaños que pastan en laderas valladas con luz inverosímil. Y fresnos que dan sombra a la siesta de los antepasados segadores. Atrás es todo, espejismo constante de nuestra trayectoria, perspectiva ilusoria del hoy para el mañana, panorama de sombras. Atrás es siempre, a cada paso, a cada instante, coexistencia muerta de lo que pudo ser y no ha surgido, de lo que acaeció tan noble y pasajero, de lo imposiblemente cierto e inexorablemente huido.
Podrás escuchar mirlos en las proximidades de la mañana. Y verte corretear bajo los avellanos con las piernas heridas por el sol y las zarzas. Y cazar saltamontes y grillos por las cuestas praderas del pasado. Podrás adormecerte en los cuartos pintados de verano y frescor, con balcones abiertos de par en par y el baño de claridad de luna. Podrás, inevitablemente, asomarte a la noche y oler la actualidad del estiércol en julio, pero sin acercarte demasiado a la fragilidad de su apariencia. Sin estirar los brazos y querer abrazar ninguna imagen. Romperías los hilos de la tela de araña que nos une al ayer y caerías de bruces a la vida.
Sentirás a menudo que te llaman tus seres, desde el fondo del humo, desde los almacenes donde se amontonaban los sacos y la escanda, el tinte para luto y abrigos de los difuntos. Escucharás sus pasos sobre las falsas vigas que apuntalan el peso y los pasillos de la extensa memoria. Y al mediodía, los platos y el eco de las tapas de las potas, y el vaho de los pucheros que aún cala en la felpa de las horas y en tu ropa de diario. Los verás como eran, con su carne y sus gestos. Mas déjalos vivir su eternidad, no los avives; si acaso los nombraras, si a ellos te acercaras en exceso, sus partículas leves, como cuando desprende la madera muy vieja el polvillo de huecos y carcoma, desplomarían en ti su falso brillo.
Acudirás muchas veces a rincones perdidos para cualquier futuro y a guardar equilibrio por las piedras y el musgo del reguero inmutable. A fragantes comarcas de manzanos y guindos y sanjuanes. Y en tu gusto y tu tacto se posarán el volumen intenso de la hierba cortada, la personalidad de las cerezas, la mansedumbre del arándano, y paladearás el jugo de la infancia, la joven acidez de los deseos. Te allegarás a la edad del bocadillo tierno, al bálsamo del pisto en las cocinas al declinar la tarde. Y querrás que sean ciertos los antiguos sabores, el tocino tostado apretado entre el pan, la blandura del plátano y el dulce elaborado, con lentitud, en casa. Pero no serán más que aromas protegidos en las alacenas del olvido, ramilletes de nada que desecan y sanean tu nostalgia como cañas de arbustos saludables. Remordimientos, bayas agraces muy amargas.
Oirás el cabruño del crepúsculo, el filo mineral de las guadañas, lamentos de venados y cuervos en la hondura del bosque. Mirarás cómo pasa, temprano con los gallos, un autobús de línea, camino al más allá, con viajeros que no habrán de retornar jamás. ¿Todo ha sido tan breve, tan dolorosamente vano, tan corta esta distancia enorme? Y sufrirías un frío como el que se guarece en haciendas vacías, en estancias cerradas, en sus muebles silentes. Pasarán por tus ojos orígenes y entornos. Nada de lo que es de todo lo que ha sido. Y quedarás pensando: vida, ¿por qué fluyes tan rápido? Tierra, ¿por dónde hacia el regreso? ¿Padres, por qué me habéis abandonado? Nada atrás, amigo. Cada después de ahora, cada antes del después, nuevo vacío.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Días de más ausencia
Cómo se echan de menos los muertos estos días. Son días de la vida, como otro día cualquiera, pero se añora más su presencia en la casa, está más solo el cuarto, más callado el silencio, más vacías las sillas. Están más descuidados los belenes y el río. Se percibe más honda su ausencia de la tierra y no son más que días de invierno y de diciembre, días, al fin y al cabo, de frío y luz ceniza. Pero algo reverdece de pronto en la memoria y surgen los recuerdos como con más frecuencia. Algo emerge del musgo que nos los actualiza.
Parece que apetecen más que nunca su abrazo, sus cuerpos protectores y la sinceridad de su sonrisa. Parece que hacen falta sus manos encendidas en la llama festiva de las velas, entorno a los adornos, sobre el núbil penacho de las piñas. Parece que se apagan interminablemente las noches muy temprano y que hasta las paredes son del mismo grosor que la melancolía. Y sabe a soledad el pan de nuestras cenas. Y se extrañan sus ojos, mirándonos humanos, y hasta el árbol aflige sus alegres bombillas. Y huelen a su ser el vino y las burbujas, la sopa y las tarteras. Desprenden su ternura las frutas escarchadas y la amable textura de las guindas.
No sé por qué sucede esta especie de espina. No sé de dónde surge esta raza de pena. Pero vienen en todo mucho más que otras veces: en las horas que cruzan vestidas con sus ropas, en la nieve que asoma en sus nombres de cima, en los brillos ingenuos de los espumillones, en la infancia que guiña en las estrellas. Vienen hasta nosotros, aunque no estén aquí, porque los precisamos y ellos nos necesitan, porque oyen el llanto de alguna pandereta, porque buscan el fuego y el sagrado calor de la familia.
Bajan desde los villancicos y de la luna llena. Pasan sobre la nieve, con sus capas de humo y sus frágiles huellas hacia la lejanía. Y se escucha su aroma en el inofensivo perfil de los acebos y en el gesto infeliz de las almendras. Cómo se echan de menos los muertos estos días. Son días como otros días, pero mucho más yermos. Tal vez porque nosotros estamos cada año más desiertos, acaso por temor a que ellos nos olviden, sumidos en su paz y en su substancia eterna.
(C) Aurelio González Ovies
La Nueva España, 23 de diciembre 2010
Voz: María García Esperón
Música: Ludovico Einaudi
MMX
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Galería de imágenes
(Para E. I. y R. S.)
Quisiera erguir un verso como un túnel,
entrar en vuestra piel, con una lámpara;
quisiera descender al corazón
por alguna de tantas bocaminas.
El halo de la luna en el Nalón,
la noche que se enciende en las ventanas,
la fiambrera puesta en el alfeizar,
el bocadillo envuelto con el alba,
el humo que madruga en las cocinas.
La povisa azulada de las berzas.
El castillete oculto entre las zarzas.
El chivo atado que rumia el silencio.
Los cobertizos, el bidón del agua,
las eras a la orilla de las vías.
Los tendales frecuentes con las mudas,
el fatu de los fines de semana,
las estriadas manos que enjabonan,
la blancura gastada de las toallas.
Sirenas: doce en punto de la vida.
Las barriadas que surgían del cisco,
el vinagre y el Fóster de las chapas;
la lentitud del tren que iba al pasado,
la carretera nueva hacia la nada,
un volador y un santo y una ermita.
Las casas que no ocultan su humildad,
el privilegio grande de una casa,
sus cuartos de humedad, baldosa y friso,
la cal obrera y descascarillada,
las barriadas que crecen y se apilan.
La tierra y la mañana que retumban,
la espera, el nerviosismo, la mañana.
Las familias que llegan de muy lejos,
el cartero con la esperada carta,
las tísicas libretas de familia.
El sabor gris de los economatos.
El olor acre de las bacaladas.
El costoso jornal. El día 10:
el aceite, el azúcar, las conservas,
la palidez antigua de la harina.
La tizna de la raza de los padres,
los párpados del padre que no aclaran,
el padre que a las cuatro se despierta,
el padre libre que vive entre jaulas,
el padre que no ve la luz del día.
Los chigres donde se bebe el ahora,
el ahora, más firme que el mañana,
el ahora y el hoy de pisar suelo;
el bar-tienda, la esquela en la fachada.
El hechizo de las confiterías.
El tendido de cables. Los calderos.
Las mujeres que charlan y repasan.
El cuello ácido de las chimeneas.
Los bronquios agotados de las fábricas.
La infancia del cemento y la uralita...
Aquí dejo el candil de mi palabra,
es de carburo, alumbra al pronunciarla:
no es tarde nunca. Es siempre todavía.
(Leído en Teatro Municipal de El Entrego. Año 2007)
sábado, 18 de diciembre de 2010
Vengo del Norte II, recita Joaquín de la Buelga
II
De dónde soy, me pregunto a veces, de
dónde diablos
vengo, qué día es hoy qué pasa.
Pablo Neruda
VENGO del Norte,
de donde la tristeza tiene forma de alga,
de donde los siglos son muy anfibios todavía,
de donde las grosellas son un veneno puro
para beber un trago cada noche.
Vengo de allí a conquistar paisajes malheridos,
a dar voz a los ecos de estos valles
que nunca se han hablado más que con señas de humo.
Ella viene conmigo,
con todos los caminos enroscados al cuello
y una perla de hambre colgada de su frente.
Quiero vallar aquí la eternidad para todos los míos,
para todos los hombres que desciendan de un padre
carpintero,
para todos los muertos condenados a girar esas aspas
del eterno retorno.
Mirad aquellas tierras, aquellas plantaciones
de pájaros mojados,
mirad aquellas granjas donde todos los días
el sol devora el pan.
Mirad y, por última vez,
podéis llorar al pie de los lechos del trigo
que agoniza.
Porque vengo del Norte,
de donde nunca anidan las cigüeñas
porque las torres tienen que apuntalar el cielo;
de donde el frío habita el carbón de los lápices
y hay una flor gitana que cura el desencanto.
Vengo de allá,
de un paseo marítimo alumbrado con gas de calaveras
y estrellas de carburo.
Ella viene conmigo porque lleva en el vientre
más de doscientas conchas
y un hijo sin edad como los faros.
Ahora la prisa está bajando su marea,
ahora las caracolas tienen un rey de nácar,
ahora cada ola desemboca un destino
y yo os vomitaré un mar
para que nunca más os encontréis solos,
para que los auspicios os lleguen en botellas
y podáis escribir al horizonte.
Vengo del Norte,
y sé un poco del trayecto de la muerte
porque allí desembarcan sus galeras.
Escuchadme y seguidme,
os traigo grana verde de la palabra
que sangran los manzanos
y dentro de unos años nuestra felicidad podrá estar
muy madura.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Lidia en muchas voces
Hazme magia otra vez
-me pide Lidia.
Y con cerrar los ojos como hace el sueño,
con coserles dos alas a los deseos,
nos despierta en las manos toda la vida:
Una veces con uvas de nuestro huerto,
llenamos garrafones de fantasía;
otras veces con hilos que quedan sueltos
repasamos palabras descosidas.
Y alguna tarde que otra cuando hace viento
vamos hasta lo alto de una sonrisa
y lanzamos cometas con pensamientos
de los mismos colores que la alegría.
Sigue haciendo magia,
-repite Lidia.
Alumnos de 3er. grado del CP Guillén Lafuerza, Oviedo.
Realización: Alfonso Pascón
MMX
jueves, 16 de diciembre de 2010
La estación de los versos
Cuando en otoño caen frutos y hojas,
recorremos los árboles colgando estrofas.
Y como algunos árboles nunca las pierden
ésos son los que llaman de hoja perenne.
Otros en cambio siempre las pierden todas
porque caducan pronto y se deshojan.
A los acebos les va como al dedillo
un villancico alegre con estribillo.
Pero a los pinos verdes y a los abetos
los adornapiñamos con un soneto.
Y a los altos castaños llenos de erizos
les damos castañuelas de endecasílabos.
martes, 14 de diciembre de 2010
Qu'haya pa toos agua
Qu'haya pa toos agua, igual qu'hai pa toos sede.
Que nun amenorgue'l guiño les estrelles.
Que la mar nun s'aburra de subir y baxar coles marees.
Que naide s'apropie nin dirixa la decisión del vientu;
que naide estropie'l cercu compasivu de la lluna
nin imponga cuándo tien que cayer ñeve.
Que naide empiece a gobernar la independencia cola que revienta,
añu tras añu,
la primavera.
Que naide saque negociu del dolor.
Y que'l dolor del próximu,
el que nun somos güei pero a saber mañana,
nos remueva
y nos conmueva
y nos mueva.
De Carta de reis con retrasu. La Nueva España, 13 de enero 2007
Un regalo de Navidad
Mi canto,
para el hombre
que ansía llegar a casa
y lavarse las manos,
dar un beso a los suyos,
aproximarse al fuego,
responder a un abrazo,
o sentirse tan solo que humaniza una mesa.
Para el que ve la luz encendida y respira,
para el que huele el pan y se siente dichoso;
el que mira la luna sin querer conocerla,
el que alcanza primero la sed que el cántaro,
el que huele la rosa y no la corta.
El que nunca rezó y a su manera reza.
© Aurelio González Ovies
En Tardes de cal viva
Texto y voz: Sofía Castañón, en Señalados.-Programa Especial Navidad 2005 Música y Poesía, emitido por Teleasturias.
Música: I'll Be Home For Christmas. Kenny G
sábado, 11 de diciembre de 2010
Carne de identidad
No. Nada. Nadie. Ni siquiera. ¿Para qué
tantas dudas?
Pudiera ser que nada fuera lo que parece
ser, así como jamás nada será
lo sido. Pudiera ser
que nada es lo que podía haber
sido; que nada ha sido
lo que pudiera ser, así como
jamás será lo que no pudo ser.
Pudiera ser que ser no sea más
que ser lo que no somos,
lo que jamás seremos,
lo que nunca hemos sido.
Pudiera ser que no ser, a veces,
sea más que ser, lo que por ser,
no somos y lo que no seremos
y lo que nunca fuimos.
Por ser, pudiera ser que nada sea
ni lo que ahora es porque está siendo.
Lo máxicu de la poesía: María del Mar Martín sobre "Mio Madre"
![]() |
| María del Mar Martín: Los versos de Mio madre son el sabor y l'arume de la comida de casa, los sabores de la infancia. |
Préstame abondo averame a una llibrería y maricar un poco mientres pienso: “¡Qué pena nun tener una montonera perres pa poder llevar pa casa tolos llibros que me peten! Esbabáyome toa pensando que me toca la Primitiva pa dexar de mirar los precios.
Pertenezo a esi grupu de xente raro que nun tien coche. Cuando toi cansada de caleyar nun me queda más remediu qu’averame a la parada’l bus. Ellí danme ganes de sacar el llibru, pero nun lo faigo, porque si llega’l bus y nun llevanto la mano nun para y dempués quedo con cara babaya, porque esa ye la cara que-y queda a la xente cuando lu pierde delantre les narices. Asina qu’espero xubir pa sacalu y meteme dientro.
L’otru día dalgo máxicu asocedió, dexé de tar na etapa de la madurez (de los venticinco p’alantre), como apaez nel llibru de Conocimientu del Mediu del mio fíu, pa tornar a la etapa de la infancia (dende’l nacimientu hasta los doce).
Y esti fecho asocedió cuando entamé a cañicame nos versos de Mio madre d'Aurelio González Ovies.
Mio madre nun sabía idiomes
pero yera tan mimosa…;
dicíame que con enfotu
pues algamar cualquier cosa.
Tengo la suerte de siguir conxugando los verbos en presente cuando falo de mio ma, ella nun foi muncho a escuela y nun sabe idiomes, porque daquella nun se falaba namás que’l castellán y falar n’asturianu yera falar mal anque yera perdifícil llamar d’otra manera al llabiegu, al cuquiellu o al caxilón que colgaba de la ferrada a la puerta casa.
Mio madre tamién m’alendaba cuando taba cansada y les lletres nun me salíen dándome besinos nos papinos coloraos y falándome con pallabres melgueres.
Mio madre nun sabía idiomes
pues pisó poques escueles,
¡y facía un caldu gallegu
y unes coles de Bruxeles…!
Metíme tanto dientro los versos que pudi sentir l’arume a caldu gallegu, a arroz a la cubana, a coles de Bruxeles y a bollos suizos, esos bollos que mio madre me preparaba bien untadinos con mantega de casa y zucre pa comelos a la hora’l recréu.
La comida facíase seliquín nes cocines de carbón y nos fornos cocíase’l pan, un llabor de les muyeres de la casa.
Los versos de Mio madre son el sabor y l’arume de la comida de casa, de los sabores de la infancia.
Nun sabía idiomes, ¿y qué?,
yo ponía-y en too un diez.
cosía faldes escoceses
y texía puntu inglés.
Dempués de lleer esto acordéme cuando nos díes fríos d’iviernu mio madre texía xerséis pal mio hermanu y pa mi pa que fuéremos bien abrigadinos, porque equí nesta tierra del norte la humedá entra pelos güesos.
A mi tampoco m’importaba que nun supiere idiomes, porque en cada platu taba l’esmolecimientu de teneme bien alimentada, en cada puntu inglés escondíase’l calor de les manes y en cada mirada tol amor.
Son los versos de Mio madre un cañiqueru de tenrura y un abellugu onde poder tornar a la infancia.
Esto ye lo máxicu de la poesía.
Fuente: Biblioteca Virtual Canellada
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Gloria
A la fertilidad,
gloria.
A los caballos salvajes,
gloria.
A las cañas del mimbre,
gloria.
A las mulas uncidas,
gloria.
A la brisa de mayo,
gloria.
A la contravención,
gloria.
A la palabra encinta,
gloria.
A los pueblos que sufren,
gloria.
A los que reverdecen,
gloria.
Gloria
a la fortaleza
y a la esperanza.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Vivir para sentir: Victoria Díaz sobre Esta luz tan breve
Victoria Díaz se dedica al turismo y ha vivido los últimos 8 años en Alemania. Actualmente reside en Madrid. Posee una mirada poética que se pone de manifiesto en sus sorprendentes fotografías. En su exquisito blog Paralelo 49, publicó a principios de 2010 el siguiente texto sobre Esta luz tan breve que con su permiso reproducimos aquí.
Como quien hace una ofrenda, hoy vengo a traeros un poema. Me cuesta terriblemente elegirlo, porque hay muchos que me llaman. Y digo que me llaman porque decir que me gustan se queda demasiado estrecho para definir Esta luz tan breve, el poemario de Aurelio González Ovies.
Un libro que va más allá de de las palabras, los verbos; se adentra en lo más íntimo de cada uno y nos trae recuerdos de la infancia, olores, colores, perfumes casi olvidados, miradas de niño que cada uno albergamos y que caen en el cotidiano desuso.
Me ha entusiasmado este descubrimiento, hace unos meses que lo hice pero como para todo lo demás, siempre necesito un tiempo de reflexión y reacción ... entonces es cuando pienso que qué importa que yo no escriba si encuentro a alguien como él, que pone sus palabras en mi boca...
Estancia Fugitiva
Todo está en mí
como esta noche yo sobre la tierra,
con ilusión de amar, saberse vivo
y cierta obligación de soñar a menudo.
Sin embargo no soy nada,
tras de mí late algo que me empuja
hacia la fría muerte
para ganarse un sitio y hacer vida.
Todo está en mí
pero soy nada y nada ha de ser mío
apenas un momento
Aurelio González Ovies
perteneciente a Nadie Responde
Esta luz tan breve recoge poemas de sus libros: En presente, La hora de las gaviotas, Vengo del norte, Nadie responde, La muerte tiene llave, Con los 5 sentidos, Nada, Tocata y Fuga, Poemes n´asturiano, El canto del mirlo.
Fuente: Paralelo 49
Estancia Fugitiva
Victoria Díaz
![]() |
| El mundo de las apariciones es más poderoso que el de las búsquedas: Victoria Díaz |
Un libro que va más allá de de las palabras, los verbos; se adentra en lo más íntimo de cada uno y nos trae recuerdos de la infancia, olores, colores, perfumes casi olvidados, miradas de niño que cada uno albergamos y que caen en el cotidiano desuso.
Aurelio tiene el ingenio de los grandes, no necesita de extravagancias, ni un lenguaje enrevesado e ininteligible, su expresión mana de la sencillez, de lo accesible. Es distinto y transparente. Yo no conocía al autor pero una vez más, el mundo de las apariciones es más poderoso que el de las búsquedas. Por eso, cuando uno más distraido está, aparece ante ti un libro entre muchos, lo abres y dice algo que apuntala el corazón. No encuentro otra forma más directa de decir ni de sentir. Vivir para sentir, para vibrar, es razón suficiente para vivir. Y Aurelio hace eso posible, él te mueve el piso y hasta el alma...
Me ha entusiasmado este descubrimiento, hace unos meses que lo hice pero como para todo lo demás, siempre necesito un tiempo de reflexión y reacción ... entonces es cuando pienso que qué importa que yo no escriba si encuentro a alguien como él, que pone sus palabras en mi boca...
Estancia Fugitiva
Todo está en mí
como esta noche yo sobre la tierra,
con ilusión de amar, saberse vivo
y cierta obligación de soñar a menudo.
Sin embargo no soy nada,
tras de mí late algo que me empuja
hacia la fría muerte
para ganarse un sitio y hacer vida.
Todo está en mí
pero soy nada y nada ha de ser mío
apenas un momento
Aurelio González Ovies
perteneciente a Nadie Responde
Esta luz tan breve recoge poemas de sus libros: En presente, La hora de las gaviotas, Vengo del norte, Nadie responde, La muerte tiene llave, Con los 5 sentidos, Nada, Tocata y Fuga, Poemes n´asturiano, El canto del mirlo.
Fuente: Paralelo 49
Galope sin retorno (Nana para Bis)
Pasaron, Anabel,
otros octubres largos como aquéllos
en que tú me pedías que te hiciera
por entre los visillos
el sonido del viento, y más tarde
en mis brazos sentirte refugiada;
que te dijera un poco de lo que era la muerte
y apagara la luz para escuchar a oscuras
la respuesta que nunca me escuchaste
o lo mismo que ahora,
después de tantos años,
te contesto de nuevo:
Yo no sé nada. Por eso
mejor sigo imitando el frío con mis labios
y tú duermes y sueñas
con que te nombran reina del baúl
de la vida
y te tienen los niños en sus cajas de música.
Pero tú te obstinabas
en tus dudas terribles,
esas que nos asaltan desde que somos niños
y que, desprotegidos, en medio de la noche
nos parecen colmillos
feroces como el miedo.
Y entonces me obligabas a mentirte benévolo
y a esconderte las cosas amargas de este mundo
tras alguna palabra que estallara sonora:
la muerte, mi pequeña, es una casa llena
de la luz de la luna
que nos queda muy lejos, pero siempre está cerca;
y con tus manos puestas
sobre mi pecho humano
te adormecías creyendo que yo era un dios que daba
respuestas invencibles a tu inocencia crédula.
Quizá no te engañé, después de todo, tanto como los sueños
que ya te cabalgaban.
Pasaron, Anabel,
y tantos los octubres que pasaron
que yo silbo el invierno casi mejor que el viento.
Acércate a mi cuarto, yo apagaré la luz
y me dirás un poco qué entiendes de la muerte.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Regresar
Regresar, y encontrar vuestro olvido
con las puertas cerradas,
vuestros ojos de polvo mirándome, tal vez,
como a un desconocido.
Regresar, y saber que todo ha terminado
para siempre, que no puedo apostar nada a la vida,
que no volveréis nunca, que ya no seréis nunca.
Y aceptar que yo no he estado aquí
para mirar el tiempo en vuestro rostro,
para evitar el canto de los pájaros,
para romper las cartas de la muerte.
Regresar, y admitir que es tarde siempre
para esperar un poco,
que habéis dejado el cuerpo por la tierra,
que habéis seguido el rumbo de las hojas,
que habéis quedado atrás, definitivamente lejos.
sábado, 4 de diciembre de 2010
La tierra ya no gira
La tierra ya no gira para que no envejezcas,
me refiero
a tus ojos transparentes,
me refiero
a tus manos habitadas,
me refiero
a tu voz llena de cántaros,
me refiero
a tu pelo de crepúsculo,
me refiero
a tu carne de amapola,
me refiero
a tus pies como el relieve,
me refiero
a tu cuerpo con destellos,
me refiero
a tu risa de cometa.
No gira
no gira. Lo sabes tú,
no gira.
Me refiero a la tierra.
viernes, 3 de diciembre de 2010
Letra urgente
Necesito escribir para callar. Para no ser, si algo soy. Para verificarme y desmentirte. Para engañarme y reafirmarte. Para apuntar que llueve y la tristeza de esta mañana se posa en los tejados y cala en la presencia de otros días. Para corroborar que esta imagen que veo, detrás de mi ventana, es tan cierta y hermosa como otoñal y efímera. Para no recordarte a todas horas y relatarte y ocultarte detrás de cada línea, en cada espacio en blanco, en los resortes de todas las palabras.
Escribir, como quien huye lejos, para dejar constancia de su apego a la vida que abandona, del árbol donde fue joven un día y amó y cinceló un nombre en la tierna corteza. Para subirse al alto de los significados y otear la infinidad de formas y alcances que aún desconocemos. Para no matar nunca e increpar siempre con derecho a dejar 'sanguinoletras' objeciones con algún cañonazo de palabra.
Escribir para invertir la sombra y descubrir su espalda luminosa y finísima.Para entender que nada es tan unívoco y todo excepcional y valedero, lejano desde ahora, muy cerca de nosotros. Para posar la culpa que me pesa y algunos sentimientos agresivos. Para que los silencios cobren cuerpo y asuman sus sinónimos, sus frases responsables.
Escribir para corporeizar el alma y el espíritu de los mudos periodos y las miradas huérfanas. Para profundizar en los superficiales precipicios que nos vedan la accesible llanura. Para acortar la inventada distancia que fabrican los altos dignatarios, interesada y mortífera. Para curar, con gramíneas esdrújulas y bayas guturales, la enfermiza y eterna soledad. Para silabear la esencia y la estructura del mismo sinsentido en tan distintos casos e iguales individuos. Para desafiar la gravedad de opiniones y axiomas y dictámenes. Para descuartizar el vacío y la duda.
Escribir para resucitar lo que pensamos muerto tan pronto como lo mata un antojo, una contrariedad o el hastío. Para sumar expresión y entidad a la continua resta que más nos deteriora y menos beneficia. Para pasar por puentes del pasado, de puntillas, hasta las poblaciones donde un día aparcamos nuestro propio y mudable parecido.
Escribir para deshabitar la flojedad y preservar misterios. Para desesperarme de esperanza. Para improvisar brisa en las alas del pájaro. Para desprogramar las máquinas impuestas y dar fuelle al pulmón y a las brasas y al riego y a la exigua candela que nos mantiene vivos.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Junio
Para Marta (Trucha)
JUNIO era azul y alto como los cielos de los sueños.
Chirriaban los grillos, los brezos crepitaban. Calor a media tarde...
Y mi madre decía: no quites la visera.
Recuerdo que Ramón y Quico, con sus ponchos
de jipis, tocaban la guitarra,
debajo de la higuera
cantando a Mocedades y a Agua Viva,
y mi hermana pegaba en los brazos y piernas
calcamonías de lunas y de Camilo Sesto.
Ser feliz día a día era un corto trayecto: rastrear
las camadas de las gatas paridas,
ser el mejor tirando con gomero...
Un verano pasaba más despacio
que ahora toda mi vida.
Y mi madre decía: diviértete y sé bueno.
Y yo amaba a mi madre por encima de todo,
por encima de dios, sobre todas las cosas
y quería abrocharle al cuello un arco iris
y ella me prometía comprarme una laguna
con juncos y libélulas y renacuajos grandes
para detrás de casa.
Yo soñaba con nidos y regatos. Y Marta,
mi reina en nuestro reino,
siempre estaba conmigo, tanto si era viviendo
como si era soñando.
Y mi madre decía: la mitad para ti y la mitad para Marta.
Recuerdo el eucalipto y un bullicio de pegas
y la mar a lo lejos y su luz poderosa
entre verdad y plata
y a Juana que pelaba patatas a la puerta
y escuchaba seriales en la radio.
Por esos días, un día, anunciaron la muerte de Cecilia y Nino Bravo.
Y mi madre decía: qué vida más ingrata.
Muchos años después, o nada o la nostalgia.
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